miércoles, 13 de febrero de 2013

AL SON DE LA GUITARRA.



          Sentado hacia la orilla del sofá, abrazando a la compañera de  vida, la guitarra, Jorge se contentaba acariciándola suavemente y haciéndola emitir cantaletas de romántica instancia, pasando las tardes enteras charangueando el instrumento con el fin de mejorar su aptitud al canto; música que  creaba en el interior de su mente, le entusiasmaba hasta hacerla viva,  las aventuras por contar a lo largo de la adolescencia.
          Siempre al salir de la escuela tomaba rumbo con los amigos quienes se preocupaban en mostrarle el camino de la enseñanza de los boleros y otras músicas de moda. Tenacidad, según decían, era la ventana para tener éxito, esa constancia que le hacía practicar todo el tiempo educando los dedos y manos de música, acordes y ritmo.
          Los cayos mostraron a través del tiempo, el impulso, enorme las práctica que se hacía complaciente en performance, ya las canciones eran obras del reflejo de un sentimiento, mostrando una alta aptitud en la ejecución.
          A tal grado que la familia se veía acosada por tanta práctica y sobretodo de la ejecución de una canción en especial, que llevaba el sello de amor de juventud, que había brotado de su propia inspiración. Quién? no reconocía los acordes de la trova, que se escuchaba incansablemente durante largos períodos.
--- ¡PENSANDO EN TI!--- rezaba el estribillo que iniciaba, era el tema de la canción. Y se quedaba perdido en el cielo de las musas en el infinito.

          El silencio se hizo en casa, el chico desapareció y con él, la música de su guitarra. La familia empezó a recibir llamados de extorsión por teléfono, insistiendo en grandes sumas de dinero a cambio de la vida de Jorge, tan solo un chamaco, estudiante de secundaria, clase pobre que buscaba destacar en la vida y sobretodo en el arte.
          El sufrimiento de la madre era evidente a pesar de la intervención de las autoridades, investigaciones, cateos e interrogatorio de testigos. Todo tipo de negociaciones que se entrampaban al empezar a endurecerse sin resultado alguno y dejando sin esperanza la devolución del muchacho. Con lágrimas, suspiros, pero sobretodo sin billete, era imposible mantener una comunicación fluida con los captores.
          Al cabo de unos meses se rompió el enlace, las autoridades sin pistas eran impotentes de hacer su trabajo, la intervención de los grupos de derechos humanos e instituciones sociales apenas guardaban alguna esperanza de encontrar al secuestrado. Las pocas señales que se habían recabado se hacían obsoletas con el transcurso del tiempo, como todo en la vida esto hacía que se perdiera MODA, el olvido aunque involuntario daba sepultura al suceso. La página había dado vuelta y la prensa no se ocupaba mas de mencionar la atrocidad que había sucedido tiempo atrás.
          Casi cuando las aguas empezaban a reposar, un informe trascendió, en manos de policía. Un par de cadáveres habían sido descubiertos, en una fosa común, en un terreno baldío del camino de terracería que llegaba a la Aldea Sábana Grande, recogidos por el Ministerio público, ambos cuerpos fueron remitidos como XX a la Morgue.
          Los familiares del joven desaparecido fueron citados para proceder al reconocimiento, se trataba de dos osamentas, con evidentes señales de tortura, amarrados de pies y manos, pero imposible saber de quienes se trataban, por lo avanzado estado de putrefacción.
          Esto terminó con la leve esperanza de haber encontrado, al menos los restos del muchacho y mas aún cuando los muertos fueron reconocidos por la respectiva familia, se trataba de un par de hermanos que habían corrido la misma suerte, después de haber salido de un partido de futbol, en el Cantón vecino, a quienes  les había llevado a la muerte. Luego desaparecido por una pandilla de cuatreros, fueron ejecutados y sepultados. Los hechores fueron capturados posteriormente habiendo confesado su culpabilidad y donde les habían enterrado.

          En la sala general del viejo hospital, permanece un joven, sentado en el camastrón cubierto de sábanas blancas, tiene los ojos hundidos, perdida la mirada y un turbante de vendas que le cubre parcialmente la cabeza, una cicatriz se dejan observar que le asoma sobre la oreja derecha. La tripa de una sonda sale por debajo de la chamarra, que la lleva a un recipiente al pie de la cama. Hoy fue levantado y llevado en silla de ruedas al final del patio para que recibiera un tanto de sol.
          Nadie sabe de él, un día apareció en la cuneta de la carretera que lleva del pueblo a la capital. Famélico, desnutrido, con muchas señales de tortura  y una herida de aplastamiento en la cabeza, pero vivo. Recogido por los socorristas, fue llevado a la emergencia, donde a duras penas el personal le rescato de las garras de la muerte, la pronta intervención de los médicos fue importante para salvarse. A duras penas y como gato panza arriba sobrevivió, pasó un tiempo en coma, hasta que un día amaneció sentado en su aposento, siempre con la mirada extraviada y sin decir palabra, había perdido la memoria...
          Todas las mañanas mientras le llevaban sus alimentos, la encargada de los oficios domésticos, se le acercaba y le preguntaba.
--- Hola…! Buenos días…, como estás?--- le daba palmadas en el hombro, mientras le acomodaba la bandejas del desayuno.—
--- Haber cuando me dar una respuesta… Dime como te llamas….?
          El solo observaba y movía levemente los párpados,  haciendo el intento de abrir los labios, quizás para dar respuesta a las interrogantes. Luego se quedaba quieto, se acercaba al plato y con una temblorosa mano, llevaba la cuchara hacia la boca, luego llegaba la enfermera quien le colocaba un trapo como babero para que no se manchara la ropa.
          El tiempo transcurrió.
---Quieres tu comida, mi amigo --- le interroga la encargada.--- pero a cambio me vas a decir tu nombre.---
--- Jooo….!--- hacía sus sonido guturales, mientras gesticulaba, con el fin de dar respuesta---.
--- Con que esas tenemos, te llamas JO…---sonriéndole en señal de aprobación.
          Fruncía el seño,  moviendo de lado a lado la cabeza en señal de Negativa, metiéndose los dedos en la boca, repetía el intento de emitir las sílabas.
--- Haber si no es JO, que es, José, Juan o que?--- y le soltaba una sonrisa, que le resonaba a broma.---
          Moviendo siempre su cabeza a los lados en no, se quedaba serio y sin movimiento, la joven le tomaba las comisuras labiales y se las hacía hacia arriba…
--- Vaya pues si te puedes sonreír, que bueno….!
          Eso lo estimulaba y le abría la posibilidad de tener con quien comunicarse.
          Se veía repuesto, su ánimo era cada día mejor, deambulaba por la sala y se atrevía a llegar hasta la entrada principal del hospital, donde los guardias le permitían sentarse en las bancas del frontispicio, allí pasaba horas enteras viendo hacia las afueras, las calles donde transitaban los pueblerinos. Siempre a la hora de comer regresaba a toda prisa, para encontrase con la muchacha encargada del alimento.
          Se sentaba en la silla se colocaba su babero, esperaba su llegada y le invitaba a que le  dijera algo mientras le colocaran la bandeja de comida.
--- Hola buenos días.---
          Respondió moviendo la cabeza, luego dijo:--- JO.. JE.--- mientras se somataba el pecho.
Sorprendida la chica:
--- Al fin… Hoy si escuche, te llamas JORGE, es así..?.---
El asintió bajando su cabeza e intentando articular un SI.
--- Que alegre me siento de saber tu nombre. Sabes mi nombre es Angela --- también le hizo señas tocándose el pecho, luego le abrazó, llena de felicidad.
--- A…ge…a--- insistió --- A..ge l a.--- lágrimas de emoción brotaron de sus ojos por el brillante esfuerzo.
-- Eres muy lindo, pero tienes que practicar.--- le guiñó --- gracias Jorge, vendré mas seguido a charlar contigo.---
          En poco tiempo ya se había soltado, hablaba con medio mundo, con dificultades en la articulación de las palabras pero se daba a entender, deambulaba por todo el recinto, viajaba hasta la cocina, para ver a su amiga, la que se sonrojaba cuando Jorge le saludaba por la ventana.

          Las celestes notas armónicas de una melodía que bajada dulcemente en el ambiente de una de las bancas de pequeño parque, donde se seduce el oído cuando se escuchan junto a las estrofas, las tristes canciones. Un hombre de pierna cruzada se deleita con la ejecución de su instrumento, mientras un grupo de patojas y patojos le rodean, haciéndole compañía mientras las frases que brotan de su boca los emocionan, además con su melodiosa voz que cautiva,  las hace sentir éxtasis,  por lo romántico de sus ejecuciones.
--- ¡PENSANDO EN TI!--- cantaba, lleno de emoción, el estribillo tema de la canción... Y se quedaba, pensando, la memoria le había jugado una mala pasada y recién ahora imaginaba. Su origen, que sería de su pasado, de su familia. Perdido en el cielo de las musas del infinito, se veía interrumpido por los aplausos de la concurrencia, al finalizar la ejecución.
          Tomó camino, como un trovador, estimulado por sus recientes recuerdos, como era que una fracción de su vida hubiese desaparecido de su memoria.
--- Debo retomar mi camino y buscar mi vida. Tengo una familia?, este regreso de tener nuevamente memoria, me ha hecho reflexionar que tengo un pasado…--- murmuró.
--- Bueno chicos se hace tarde, gracias por las muestras de afecto, les prometo volver para entretenerlos otro, he regresado del limbo y es tiempo de buscar mis raíces.---
          Caminando por las callecitas de la ciudad, con guitarra en mano, mochila de equipaje ligero recorre esperanzado las casas del barrio, hasta detenerse ante un portón desteñido por el tiempo. Con un tanto de miedo, quizás de inseguridad, se induce a somatar el madero.
          Un pequeño abre la puerta y se le queda mirando de pies a cabeza.
--- Estará doña Tina?--- toma la iniciativa en preguntar:
          El chico sin responder corre hacia el interior, se detiene frente a una habitación y grita:
--- Mama Tina… hay un hombre que te quiere ver….---
          La señora asoma su cabeza que ya se pinta de canas, se quita los espejuelos y se dirige hacia la entrada. Con un poco de desconfianza por la facha del visitante, lo enfrenta.
--- Que se le ofrece señor…---
          Detrás de esa voluminosa barba y con el cabello hasta los hombros, que le dan un aspecto de indigente, entiende la dificultad de ser reconocido. Toma su guitarra y apoyándose de rodillos.
--- PENSANDO EN TI!--- renace en la canción---
La mujer se ve sorprendida, al escuchar las frases, que en algún momento le causaron escozor.
--- Mama soy yo!---
          Ella le toma cariñosamente del rostro y lo aprieta contra su corazón, las lágrimas de felicidad le recorren las mejillas.
---Hijo mío, hijo mío….



 

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