Un
duro golpe le cruzó la mejilla,
haciéndole brotar sangre de la fosa nasal, el impulso le hizo caer pesadamente
hasta el suelo, donde se provocó heridas al recibir un florero como proyectil
que impacto en sus brazos. EL agresor
tomó una sacola de cuero y escapó por la
puerta que conduce a la entrada del apartamento, un portazo fue el corolario de
la escena que culminó con la reyerta, con el agregado de los incansables
insultos, se había iniciado después de reclamos, sucedidos a raíz
de una llamada telefónica, que la involucraba en un problema de un visitante
desconocido, recibida en casa, por la celebración del día del cariño. Unas
flores y otras cosas habían llegado a ella como regalo.
En
el interior del cuarto, en medio de la zozobra, se dejaba escuchar tímidamente
el llanto de un niño, quien acostado en posición fetal, se arrinconaba debajo
de la cama, sosteniendo su rostro con las manos, como no queriendo escuchar;
los sollozos temblaban inconsolables, mientras el frío recorría su cuerpo por la
impresión del episodio vivido unos minutos antes. El silencio se prolongó y él optó por salir de
su escondite, se encontraba solo, la mujer había desaparecido, tras un segundo
portazo. Sin decir palabra y utilizando la misma salida había dejado hundido en
un oscuro silencio la habitación. El niño de 7 años, optó por acurrucarse sobre
una alfombra a detener su congoja, sacudiéndose con un pañal, las secreciones
nasales que le embadurnaban la cara.
Todo
se encontraba desordenado, el recipiente que se usaba de florero partido en
pedazos se encontraba tirados en el piso,
los trozos de vidrio de varios tamaños, chayes manchados de agua, estaban
regados por doquier y el manojo de tulipanes boca abajo se marchitaban en el rincón. En la mesa debajo de un tapete, se
abultaban doblados en dos, un fajo de billetes. Una caja de colores con moña
roja de regalo colgado de una tarjeta, estampada con un corazón y mensajes por
el día.
Un
teléfono suena incansablemente en la habitación contigua, el chico se pone de
pie y se encamina hasta donde el ring le anuncia la llamada, se acerca a la
mesa, empinándose alcanza el auricular, donde ya solo escucha, el tono de
cierre de la comunicación, lo deja tirado. Se dirige, entonces a su cuarto,
donde cerca de almohada de la cuna encuentra un biberón a medio tomar, lo
introduce en su boca y se tumba sobre la cama.
Horas
mas tarde la puerta se abre sigilosa, el ingreso revela cuando los pasos se
hacen escuchar al aplastar los vidrios regados en el suelo, en una rápida
revisión, el sujeto, recurre a tomar los billetes y la caja de regalo,
asegurándose de no dejar huella de su presencia, luego se dirige hasta la
habitación del pequeño que duerme abrazado de un peluche, el biberón ya vacío ha rodado hasta el suelo. El hombre
se acerca y con toda delicadeza procede a cargarlo. El niño despierta y
sacudiendo sus ojos con el dorso de sus manos, se queda asustado al verlo.
--- Papá….!--- y se le cuelga del
cuello.--- Papá!, papá!, como me haz hecho de falta.---
--- Hijo…!, mi campeón, vengo por ti
--- recibí un recado de tu madre, pidiéndome que pasara por ti, para evitar
fueras agredido por su actual pareja.---
--- Es malo papá.., Golpea a
mama.---
--- Lo se, me dijo haber recibido
una golpiza, en una escena de celos, por haber aceptado un regalo, de alguien
desconocido en el día de San
Valentín.--- ¿Nos vamos?---
--- Si,--- Te quiero papá…! ---
En
brazos de su padre, Santiago, se pierde en el final de la calle, dentro de
un automóvil Celeste de modelo reciente,
escapando a toda prisa. El rechinido de las llantas se escucha al dar vuelta en
la esquina.
En
el solitario paso a desnivel, al pie de la escalinata de la pasarela,
transeúntes se detienen para observar el cuerpo de un hombre joven, que recostado
en el poste de la energía eléctrica, permanece tirado, junto a un charco de
sangre. Debajo de la sacola, se deja ver la camisa rasgada con una mancha de
sangre y una herida de arma blanca estampada en el pecho.
Los
listones amarillos del ente investigador y la policía, lo encuadran en el lugar
del hecho, mientra los fiscales hacen las pesquisas y proceden a las
investigaciones del suceso. Después de recogidas las pruebas y establecidas las
hipótesis del crimen, se da la orden para trasladar el cuerpo hacia la morgue.
Las entrevistas a los testigos llevan a una realidad que confunden, mientras
unos refieren que el hombre se apareció trastrabillando por la calle y cayó
mortalmente herido en ese lugar, otros aseguran que había sido blanco de ataque
por una pareja, identificando en ellos a una mujer de corta minifalda que
habían huido de la escena en un auto de modelo reciente.
Linda
permanece en las bancas del hospital, en espera de ser atendida, muestra un
pañuelo manchado de sangre con que cubre su cara, un cabestrillo que carga el
brazo izquierdo, muestra la sangre de heridas. Conducida hasta la camilla donde
es examinada, el proceso se acelera al ser llevada hasta la sala de Rx, y posteriormente en
la sala de cirugía menor donde es suturada del chajazo del brazo.
--- Haber cuénteme que le sucedió….
--- Sufrí una caída, sobre unos
vidrios de un florero roto…---
--- Pero el ponch de la cara, mas
parece de un puñetazo, un Jab bien puesto, que le reventó la nariz.--- le
indican mientras con los pulgares el galeno trata de enderezarle el tabique.
Ella se defiende como respuesta al molesto dolor que le produce
El
médico le hace las indicaciones sobre el tratamiento, y le coloca una
férula y tapones de algodón en las fosas para suprimir la perdida de secreción
sanguínea. Finalizado el tratamiento, abandona la Emergencia y se dirigeen las afueras
hasta el parqueo.
Allí
encuentra el auto celeste, le abren la portezuela, con la dificultad que
le representa la corta minifalda, ingresa al asiento delantero, mostrando sus exquisitos muslos.
--- El niño. ¿Dónde está?--- pregunta al piloto.
--- Esta en mi casa, a cargo de la
abuela, esta bien y tranquilo.--- luego cambia de conversación.--- Como
se te ocurrió para lograr escapate de ese miserable?---
--- La oportunidad se dio, fue bien
planificada, así no mas., imaginate que él pensó que con unos dólares me iba a comprar, sin
saber que le saldría el tiro por la culata.---
---Ahora te quedarás Tú, al mando.
Muerto el Rey, viva la Reina.---
---Se lo merecía ese canalla.---
toma un cigarrillo de la guantera, lo enciende.--- luego de lanzar una
bocanada, le acaricia la oreja.
---Todo va a ser como antes, Mi
amor!--- se le acerca y le estampa un beso en la mejilla.---
--- A propósito el fajo de billetes
que recogí en el apartamento, eran parte del trato.---
---Si, era el soborno. Ahora son tuyos mi vida, vamos a
tener harta lana.---
El
auto se retira del lugar y se escurre por las calles, en búsqueda de refugiarse
en los antros cerrados de la zona viva, la
lluvia mala consejera se hace presente, mientras la noche transcurre. El
bullicio de las sirenas de ambulancias, se deja escuchar a toda prisa hasta
aproximarse al punto sobre la
Calzada que por la húmeda de la ventisca que ha bañado la
ciudad, muestra las marcas del desliz de llantas, las luces, vidrios hechos
pedazos y penetrante olor a alcohol.
El escenario se hace macabro y el vaho
señala el lugar donde se ha producido un
fatal accidente, los socorristas intuyen en su trabajo, sacando dentro de los
hierros retorcidos a las víctimas, una pareja.
La sombra de la muerte se asoma frente a la
casa, donde una anciana cuida de un niño, que ajeno al episodio, duerme
plácidamente en el sofá de la sala, sin saber que esa fue la noche mas trágica
de su vida.
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