En
los amplios corredores del internado, de la escuela secundaria de la ciudad, recuerdo
de edificio antiguo de amplias paredes de adobe que se descamaban en pedazos, el repello de color amarillo se derramaba a lo largo de
las vetustas paredes, mostrando su longevidad, desde los hoyos de los nidos de las
arañas que acomodaban sus telas en la esquinas de la cornisa, las tejas de
barro que se desgranaban en los techos empolvados. La soledad se reflejaba en el
solitario ámbito ante la ausencia del alumnado regular; ventanas que se movían
avispadas por el viento que circulaba en los corredores, se hacía acompañar de
las hojas que desprendidas de los árboles que se arrastraban en el fondo del
patio, los perotes que se acumulaban en las gradas del corredor que bailaban hasta
el pasadizo que conducía a las canchas de deporte del establecimiento.
Durante
el alboroto producido por los sanates en búsqueda de las ramas escondidas de
los truenos que eran buscados para pasar la noche, donde los rayos de luz se volvían
tenues y desaparecían en el copete del tejado, dejando una estela de calor.
Cientos de pajarracos sobrevolaban incansables por la penumbra tibia del mas
allá de su viaje hacia los bosques que le proporcionaban descanso a la caía del
sol.
Adentro,
los candiles se daban a la luz, prendidos sobre los mecheros instalados sobre la
mesa del salón, donde un grupo de estudiantes se daban cita para ponerse al día
en el estudio, ocupando escritorios de paleta, donde sacudían sus cuadernos,
libros y notas, para iniciar el último repaso de las clases de matemáticas,
estar preparadas para los exámenes de última oportunidad para aprobar el curso.
El
edificio escolar se encontraba en franco abandono por los estudiantes
regulares, los que de alguna manera habían dejado abandonado las instalaciones
después de quemarse las pestañas y aprobado
los cursos, ya habían iniciado
vacaciones de fin de año. Seis incansables jóvenes se han dado ala tarea de reunirse en procura
de mejorar sus resultados, para la recuperación de retrasadas, se han juntado
para estudiar, remachando las tareas que les permitan salir adelante en las asignaturas,
que les vedaron la oportunidad de graduarse.
Acomodadas
en el lugar con bolsas de dormir, alimentos, unas cuantas lámparas de mano, se
hacen a la preparación para la temática, con buenas tasas de café y después de
contar historias de miedo y hacer algunos chistes jocosos. Se inducen en
pensamientos mientras las horas se acercan a la
noche, donde por inducción se tornan temerosas, por tanta historia de
aparecidos comentadas y sucedidas en el vetusto edificio, Con toda razón las hace
que se cubran con el velo del temor, al
experimentar sonidos irreales, voces y lamentos, así como ruidos de cadenas que
se arrastran.
Las
llamas de las candelas, contribuyen a la escena cuando al acostarse en
dirección del viento silbante de recorre de un lado a otro, proyectando sombras
espectrales en las paredes del salón. Alguien se muerde las uñas, como
respuesta a las sensaciones especiales que experimenta, otra pierde la atención
en la lectura, cuando el frío que le abraza, le hace asomo a piel de gallina, una sensación le cala hasta
lo mas recóndito de sus entrañas.
Un
cristal de ventana cae y se vuelve
añicos, produciendo un eco de campanitas, el sobresalto de dos de las chicas las
hace ponerse de pie, una se santigua y la otra inicia la letanía del rezo de un
padre nuestro, colgando un rosario entre sus manos. La intranquilidad se vuelve
colectiva y buscan acercarse con el fin de darse calor de apoyo. Una lluvia de
polilla se deja caer del machihembre picado del tapanco, cielo de madera, por
encima se escuchan pasos tronando cuando se apoyan en las láminas del tejado.
El viento se enfurece y apaga los
mecheros, esto hace tétrico el momento, insinuando una intento de llanto y produciendo escenas de pánico.
Un
fosforazo detrás de una inocente mano tiembla incoherente mientras intenta
encender los candiles, donde se hace de nuevo la luz. Llenándose de valor
Carmelita, se dirige hasta la puerta del salón que por instancias del aire de
abrió de golpe, previo a cerrarla, asoma la cabeza hacia el exterior, observa
el corredor del fondo, donde no observa ninguna particularidad del ambiente,
pone el pestillo engrapando del candado, retornando con la calma.
En
un espacio de descanso, donde los fenómenos continuaban acechando a las
estudiantes, que llenas de calofríos, manifiestan un incremento en el miedo.
Gritos lúgubres, masetas de geranios que se caen y revientan en el jardín del
patio, hacen que las muchachas, prolonguen su angustia y manifiesten su deseo
de salir huyendo. Las hojas y las maderas de la ventana tabletean sin cesar,
formando un ambiente de zozobra y descontento.
Carmelita
la mas valiente del grupo toma la batuta y se dirige al exterior, haciendo caso
omiso de los miedos, se arma de valor y sale para investigar los fenómenos que
están sucediendo en el solar del instituto, lleva de compañía a dos de sus
compañeras, que la acompañan muertas de miedo. Se dirigen hasta la fuente, que se
encuentra a mitad del patio mayor, una tras de las otras se aculan de pena,
caminando sigilosamente en busca de lo desconocido. La sombra espectral de una
dama pasa por una de los portales hacía la parte posterior del edificio. La
siguen. Cerca de la glorieta que se cubre de una bougambilia, se esconden
cubiertas por la enredadera, la siguen co la vista y observan como se dirige al
portón de la bodega. Las tres halándose de las manos se empujan haciéndose de valor
a través de la compañía, al asomarse al lugar, el espíritu las enfrenta, una de
ellas se desmaya, mientras Carmelita, se
quedan petrificadas viendo a la espectral dama.
--- Porque me siguen,--- les
pregunta --- este es mi portal de
aventuras. Abandonen el sitio, yo me encuentro a la espera de mi amado,
váyanse.---
Sin emitir respuesta y abriendo sus
verdes ojos, contemplan al espíritu.
--- El me prometió venir por mi y
llevarme al paraíso --- suspira--- Hay!, mi tristeza, he venido todos los días
de luna menguante pero no aparece. Aquí permaneceré deambulando el resto del
tiempo hasta que venga--- Se cubre el rostro y sentencia --- Lo necesito, me
dejó DESDICHADA, sola, sin su apoyo, pero quiero que venga por su hija.---
La
ráfaga de cálido viento atropelló el instante y la figura espiritual se desvaneció como velos de
tul blanco en el espacio.
En
las afueras, entre brumas y en ambiente cálido, cerca del tapial en el fondo
del edificio, donde existe la entrada de las bodegas, se dibuja una glorieta
cubierta por una bougambilia, a lo lejos se observa una joven que transita por los
parajes del amplio corredor, deambula de un lado a otro, como en búsqueda de un
encuentro. El reloj de la torre municipal, recién ha anunciado con seis
campanadas, la hora de la tarde, en el mismo sentido se escuchan los sigilosos
pasos de un transeúnte dirigiéndose a paso veloz, luego se detiene cuando asoma
en la puerta de entrada del portón de la bodega del internado. El encuentro de las figuras en gris se produce a la llegada vespertina caída
de los celajes las dos sombras se aproximan, amalgamándose en un abrazo tan
largo como un beso apasionado.
--- Me he arriesgado al escaparme, venir
una vez mas a este lugar, yo se a convertido como nuestra historia de encuentro
y nuestro nido de amor…---
--- No quiero causarte problemas,
pero ha veces es imposible recibir tus mensajes y asistir a las citas.---
--- Yo lo sé… pero es imperativo que
te haga participe de un secreto.---
--- Dime, mi amor.---
--- Quiero decirte algo….--- se
cubre la cara y muestra una lágrima caer por su mejilla.--- Es… toy esperando
un bebe!---
--- Embarazada…! --- sorprendido
pasa su mano sobre la cabeza y rasca su cabello.--- déjame pensarlo, que vamos
a hacer?.---
--- No lo se, necesito tu apoyo, mi
familia no se ha enterado, no se que actitud tomarán, en este situación.---
--- Sabes, déjame pensarlo --- en
intento de fuga, la toma entre sus brazos y la besa --- Espérame en este mismo
lugar, pronto vendré a buscarte y entonces planificaremos que hacer.---
--- Y mientras…? ---
--- Mientras…Debes de ocultar el
embarazo ante los ojos de tus padres, yo buscaré la manera de sacarte de aquí.---
Ella rompe en llanto y le da la
espalda.
---Debo irme no quiero descubran
nuestro encuentro y hacer mas grande el problema.--- La abraza nuevamente y se
despide, de grandes zancadas corre el
patio y desaparece entre los suaves destellos de la luna.
Tiempo
después. En las calles empedradas del pueblo, una persona corre por la acera,
con un paquete bajo el brazo, hace una parada y se introduce a una casa. Allí
todo es un gran movimiento, personas
corren por el corredor, desde la cocina hacia una de las habitaciones.
La comadrona entra en el recinto donde una mujer de parto, puja escandalosamente en períodos de cada diez
minutos, resopla fatigada, el aire le suspende el resuello, mientras los gritos
de dolor le dan alegría de parir a una criatura que llora al encontrase a la
vida.
La
belleza de la maternidad es el corolario del evento, una niña es el producto,
pero los esfuerzos de la partera y el personal se hace evidente, el gran volumen
de sangrado se hace presente acarreando en
un hilo la vida de la joven, quien después de desesperadas acciones de
resucitación, cae en un profundo sopor que la conduce a la muerte. La bebe,
pasa en brazos de la abuela hasta el reposo de la cuna, su futuro se teje en
torno de su familia y el mas allá.
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