jueves, 28 de febrero de 2013

AVENTURA DE LOS DIOSES



          Mas allá de las bastas planicies, las amplias vegas adornadas de los ríos cubiertos de  manglares frondosos. Allí donde las criaturas que viven de los vibrantes suampos se regocijan, cuando corren sobre las raíces y se esconden  de los rayos del sol, las aguas salóbregas que corren junto al inmenso vecino de espuma que como sábanas se recuestan en las playas de arenas negras de sabor volcánico.
          Las nubes de algodón coronando a los imponentes colosos donde se lanza vapor y lava. Como imponentes guardianes del reino, se apostan en las fronteras del altiplano, las  extensiones de los valles y los linderos del mar, los puntos cardinales que señalan los confines de los reinos terrenales de templos de laja y roca esculpido con los jeroglíficos que relatan las efemérides del tiempo.
          La tierra de  impresionantes caudillos, hijos de los dioses de la magnífica TAK´ALIK´ABAJ, casa de luces y fantasía, que se yergue en medio de la selva virgen, pintado de  verde, donde la sinfonía de los pájaros se muestra en un concierto de salvaje. Platanares con fruto maduro, se recuestan por el viento adornado de belleza, las campiñas que se rodean de frondosa maleza, de monos saraguates que guindados, chillan en las ramas de los bosques arbolarios del chico zapote.
          Inmensos monumentos de piedra señalados con  glifos de la historia milenaria de la raza. Las plazas de recreo, donde Sak-nikté, la flor blanca, hija del gran dios Kinich-ajau, vive, fincada en la edificación principal al norte del cenit, sentada con la ofrenda de collar y la cuna de las muñecas de virtud, revelan los pecados, volcados en vicios de los humanos.
          En los fértiles campos pastan silenciosos los Kej, venados de cola blanca, elegantes y portentosos dispersos en manadas, animales en pareja, manifiestan su paciencia y su gallardía, como los consentidos de los reyes. Grupos de tepezcuintles, pisotes y mapaches con anteojos de aro negro se entremezclan con las manadas de cuero gris oscuro de los Dantos, que demandan sus clásicos sonidos cuando corren, en cortejo y celo.        Las garzas aprovechadas saltan entre los charcos, para alimentarse de las garrapatas huéspedes de las orejas de los animales.
          Los pétalos danzantes circulan como un remolino, formando un campanario, estos se adornan con los colibrí degustando la miel de las flores de Izote, coronados en la punta de las varas largas de hojas verdes puntiagudas, acicaladas de polvos de polen de las otras flores, las orquídeas son las reinas de los bosques húmedos y lluviosos, saludando emocionadas por el rocío de las mañanas.
          Los bailes de las princesas se destacan detrás de sus huipiles multicolores, el Tun da el ritmo de la danza del torito, con la participación de cientos de animales, pájaros de variadas especies que celebran junto a los semi-dioses del cielo los cultos mayenses.
          Los celajes vespertinos sirven de escenario, elaboran en los patios, el juego de pelota de caucho, donde los clásicos guerreros de oxidiana, se transforman en héroes desde las cúpulas del palacio, hasta el infinito. El horizonte es señalado con las vasijas de barro cocido con cara de serpiente, los vasos luminosos de los asistentes al torneo, cuyo objetivo es al fin del esfuerzo debiendo culminar cuando a través de un anillo de piedra, colocado en sentido vertical de sur a norte, a un costado de la plaza, deja pasar la pelota en el agujero al centro.
          Después de la actuación, Hunak-hu, ha mostrado su habilidad y destreza en la valentía del triunfo al haber marcado los tantos de la victoria. Suenan los caracoles, junto a la chirimía en señal de algarabía, al vencer a los soldados y a los campeones de las tribus vecinas. Las aleluyas se confunden con los gritos de alegría al saborear victoria del príncipe de la localía.
          Campos de tiro, lanzamiento de flechas, torneos de puntería, las varas viajan empujadas con la fuerza del brazo, se incrustan en los canastos elaborados de mimbre, como blancos móviles, representando presas de cuero y pelambre. Grupos de chompipes, después de su clásico aspaviento, sacan y esconden la cabeza en los zanjones, evitando las flechas dirigidas en su cacería.
          Las nubes de mariposas revolotean en círculos animando en cohoyos los restos de los granos de la cosecha. Los columpios de las enredaderas se asoman en coloquial movimiento las princesas criollas con sus coronas de plumas de cola de quetzal, cubiertas por el aroma del POM; las otras madres, sentadas sobre sus pies, armonizan los hilos en los magníficos telares, que pintan las mantas con inscripciones especiales y dibujos de hechos de historia.
          El dios que infunde miedo también participa de la danza. El seguirá un sólo camino, el camino espiritual de los elegidos, en la encrucijada lanza a todos los plebeyos, incitando a las mujeres, princesas del pecado de incesto sin esconder su pena a la familia, el mal de la tierra derribará las bondades de los lienzos rupestres, a poner límites en el teatro de las danzas. Mientras tanto el dios sol establece reglas de convivencia pacífica en la paz del universo. El paraíso de los buenos.
          Katúm es el paso del tiempo que amanece en el campo de las fuentes de agua milagrosa y cristalina de la eterna juventud. Es el centro del universo donde damas y guerreros, príncipes y reyes  de la mano de los dioses, se regocijan de los juegos de las artes de la pintura, música y arquitectura, ejemplo de la grandeza de los Mayas.

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