En compañía de algunos amigos,
Gilberto, penetran entra en el bullicio de fiesta de la famosa barra show, de
la zona Rosa, los confetis y listones caminan por todo el ambiente, mientras la
muchachada, baila en jolgorio, con sendos vasos de cerveza en la mano. Chicas sobre
el mostrador enseñan sus hermosos cuerpos ocultos apenas por calzoncitos de
hilo dental y finas pintas de papel brillante color oro que se pegan en la perfumada
piel danzante, máscaras del carnaval ocultan su identidad, mientras los aventados
asistentes levantando las manos para alcanzan la orilla de la tanga e introducir billetes de premio, en la cinta
que resalta su morena piel de la cadera.
En
un decir salud, se acompañan los muchachos comentando en voz alta las sandeces
que usualmente se gritan en esos lugares, mientras atragantan los grandes
sorbos del elixir de la cebada. La música es continua y el grupo se acerca cada
vez mas a los mostradores de las vedette, quienes prendidas de un tubo, hacen
malabarismos para mostrar sus habilidades, con movimientos sensuales que
incitan al público.
El
disk jockey detiene un segundo la música para hacer el relevo de las
bailarinas, quienes se dirigen hacia una de las esquinas para descender del
podio. Una de ellas instintivamente se quita la máscara y al instante es
reconocida por Gilberto.
--- Marina!.... ----grita
desaforadamente, mientras intenta abrirse paso hasta la escalinata. Ella voltea
a ver pero mediante un gesto despectivo hace caso omiso de él.
A
intentar saltar sobre la pista, los compañeros le detienen y se torna una lucha
recia, suenan los golpes y en un encuentro con la seguridad del establecimiento
los muchachos son expulsados con violencia del antro.
---- Déjenme, suéltenme muchis…! ---
grita e insiste, mientras a jalones desgarra su camisa, sin lograr zafarse.---
--- Ella no es tu mujer….!--- le
dice un amigo.--- tranquilizate! ---
--- Claro que si..!, es ella…---
empieza a llorar escandalosamente.--- Esa Puta aquí es donde se viene a meter, YO
LA MATO, LA MATO, les juro que me las va
a pagar, suéltenme.----
En
el fondo de una taberna, con una mesa cuadrada, rodeado de envases de licor, un
hombre lamenta su desgracia, se encuentra recostado sobre el brazo, el aspecto
de abandono corona su cara que se cubre desordenadamente de pelo largo y barba,
una gorra de lana se deshila en su coronilla. La sobriedad le queda a deber y
le embarga la tristeza, la rabieta con cargo de conciencia lo han mantenido en
ese lamentable estado de despojo humano.
Los
dos pesos que muestra en su mano entreabierta no le sirven ni tan siquiera para
un trago que le calme la resaca que experimenta, sed no de falta de agua. El
hambre le ha hecho pasar al olvido tal necesidad, al igual que su conciencia
que se debate ante la falta de cordura o vergüenza.
Se
pone de pie, tambaleando se sostiene en el respaldo de la silla, mientras
agarra fuerza para caminar hacia la salida de la cantina. Se arropa con su
chaqueta a manera de protegerse del ambiente frío de la calle, donde a duras
penas y recostándose de las paredes se arrastra por el callejón de mala muerte,
que colindan con la línea abandonada del antiguo ferrocarril. Los trozos de los
durmientes le ponen zancadilla y cae de frente, sobre los metálicos rieles que
de paso le rompen la cabeza.
Una
furgoneta con luces rojas y oscilantes, ingresa a los patios de Emergencia del
Centro hospitalario, en cuya puerta le introducen cargado en una camilla de
hojalata, rumbo a la sala de urgencias, donde un grupo de personas le atienden
y le prestan auxilio.
Salva
su vida y sufre su convalecencia, al tiempo, abandona el hospital, con la idea
fija en su mente del pecado, la congoja y la promesa de muerte.
A
lo largo del corredor, un bebe camina con su bamboleo cómico, dirigiéndose a la
puerta, llevando en sus manos un pequeño oso de peluche, descubre, después de
dar varios pasos, se encuentra solo, y levanta sus manos en señal de bravata,
soltando el juguetes, logra mantenerse en equilibrio, con lágrimas se restriega
los ojos con el dorso de la mano.
El
pañal de forro de plástico le cuelga hasta la parte posterior de sus rodillas,
mientras la camiseta descubierta por delante, deja ver su abultado abdomen,
mostrando su simpático ombligo. Un
movimiento y se acomoda sentado en el piso.
--- Maa mi..!, maa mi…! --- balbucea
mientras en llanto bullicioso, muestra la ausencia de alguien que le proteja y
además manifiesta su necesidad de alimentarse.
Al
no obtener respuesta, se recuesta sobre el muslo, con evidente esfuerzo se
voltea y de rodillas se logra incorporar,
con varios movimientos de equilibrio se yergue, iniciando su caminar dirigido
por sus regordetes pies. Apenas un año y tres meses tiene y su gran aventura es
procurarse satisfacción en medio del abandono a que es sometido.
La
puerta se abre, una jovencita entra a la escena, se le acerca y le tiende las
manos, le toma entre sus brazos, lo acuchucha y lo conduce hasta la habitación,
donde oficiosa le cambia el pañal y procura de su aseo personal.
--- Mi chiquitito, tiene hambre mi
amor… luego le compongo su pacha.---
Sin
mas que dejarse llevar el bebe, se recuesta sobre el hombro de la niñera, quien
lo lleva al comedor, lo coloca en su silla, después de lavar el biberón, lo
llena de leche y lo introduce en su boca.
Un
celular suena dentro del bolsillo de la chica, ve la pantalla y contesta.
--- Doña Marina, si…, ya estoy aquí,
si ya se usted tuvo que salir temprano y su marido no está…. No tenga pena yo
le cuido!--- haciendo algunas pausas.--- está bien yo la espero a las 5, si
usted no viene me quedo cuidando al niño durante la noche…. No quiere que me lo
lleve a mi casa?,… está bien, si su marido aparece, que le digo? Vaya
está bien. Chau---
Se
sienta en la mesa observando al niño, quien le sonríe amablemente y le juguetea
con sus manos, mientras finaliza de chupetear su leche. Camina hasta puerta del
baño, donde por costumbre o coquetería la niña, se ve al espejo, se alisa el
pelo colocándose un hule para recoger la cola, el crayón pintalabios se escurre
en su boca y pasa el labio superior sobre el inferior para verse hermosa. Ha
tomado algunas prendas de la señora, una minifalda de vuelos, colores
estampados y una blusa de pedrería azul, para modelar.
--- Un poquito de maquillaje y me
veo linda, verdad?.---
Una
carcajada sale del bebe que le acompaña en lugar, se ha quedado sostenidose del
marco de la puerta.---
---Ahh!, Con que esas tenemos, te
ríes de mi… o acaso tu niñera no es tan linda como tu madre, Verdad, picarón.--- lo toma en sus brazos y
le hace caricias con la nariz en el rostro.
El
bebe responde con una sonrisa y se encorva apenas por las cosquillas recibidas.
Transcurrido el tiempo:
La
niñera se recuesta junto a la cuna y divaga su mente, mientras reposa. El ruido
de una llave le hace incorporarse, instintivamente voltea hacia el reloj que se
encuentra sobre la mesa de noche, las cinco…..
--- Ya vine…..
--- Doña Marina, no vino nadie…. El
niño está dormido en su cuna, quiere que le haga algo?—dice un poco aturdida.
--- Quiero que te quedes con el niño
hoy en la noche. Sabes tengo que ir en busca del desgraciado de mi marido, que
desde antier anda de farra… solamente me cambio de ropa y me voy, le das de
comer al bebe y vos también te arreglas algo….---
Después
de mas de una hora, la señora aparece, sobre maquillada, con pestañas de gran
tamaño un color de mejillas y sombra en los ojos que le resaltan su belleza,
Una blusa de lentejuelas que le muestra mas de dos terceras partes de los
senos, y una minifalda 10 cm.
Arriba de la rodilla con un pijazo que camina hasta la cadera.
--- Como me veo….
----Pues muy linda --- le indica la
niñera. Inocentemente le pregunta.--- Pero a donde va ir a buscar a don Ricardo
pues?.---
--- Vos callate, uno debe de andar
siempre guapa y atractiva, que te importa a donde voy, pues…!---
--- Ahhh!, y usted cree que allí
donde va todas las noches, le va a
encontrar…?
--- ¡No! , no me tushés…., la falda
me talla muy bien sobre todo en las pompis verdad..?. Vos hacete cargo del
niño, yo me encargo de lo demás---
El
viento recorre por los callejones del cementerio, levantando con fuerza los
pétalos de flores y los restos de coronas de ciprés, en el frontispicio de la
pared, en una esquina de los mausoleos populares un grupo de dolientes cantan
rezos de despedida, un rústico ataúd de madera es colocado en la boca de un
nicho, para ser desplazado para meterlo. La oración concluye con el responso y
el baño de agua bendita del ministro de la iglesia; oficioso el albañil coloca
la mezcla y los ladrillos que ocultan, diciendo adiós al féretro, con los
despojos de Marina.
La
chica, la niñera, asistente al sepelio, con el niño en sus brazos se santigua y
repite el ave maría del responso, el aire le levanta la mini falda estampada, que
detiene en la parte anterior de la mano y luego ajusta la blusa de pedrería azul
que luce coquetamente. Haciendo el recuerdo de modelaje que acostumbraba hacer
en casa. Herencia de la señora.
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