En
el fantástico mundo de las muñecas, rodeado de flores y arco iris, los soldados
de plomo se estiran en movimiento con marchas sincronizadas por los viaductos
de cartón, listones de terciopelo que señalan las vías hacia la gendarmería que
cuida los castillos de algodón, que se yerguen como pirulíes en los campos de
mazapán.
Las
abejas obreras se repasan por las ánforas de las flores en búsqueda del tesoro
mayor, guardado en sus pistilos, para recoger además del aroma la miel de la naturaleza.
Millares de mariposas hacen brillar el escenario de la campiña, cuando en el
abrir y cerrar de sus alas, forman un contraste de colores que se dispersan en
el aire de sus acrobáticos vuelos.
Los
grupos de niñas corren animadas, con las enaguas en mano, tras los sueños de
los cisnes que nadan plácidamente en la laguna de los jardines. Ellas con sus
vestidos rosado pálido, juegan a la cuerda, donde saltan graciosamente,
mientras le dan vuelta al lazo. En los árboles sendos columpios se hacen al espacio,
cuando levantan al espacio las piernas y los fustanes de las agraviadas.
La
algarabía se ha tornado de diario previo a la celebración de los quince años de
la princesa, carretas de flores circundan el palacio, mientras en los salones
se disponen las mesas de organdí, con manteles blancos, con crisantemos atados
a las esquinas, cada una de las cuatro sillas con sus moñas de color vivo, se
disfrazan de monumentos de turrón.
Los
indiscretos sirvientes recorren los espacios cargados de grandes viandas, azafates
de múltiples pastelillos donde sobresales las fresas manchadas de delicioso
chocolates derretido, los cristales con sus tintineos se colocan el la mesa
mayor donde la ponchera, que tiene una fuente de regular tamaño en su interior,
donde se sostiene la servidora enganchada en una oreja.
Con
el paso de las horas del libro del día, la muchedumbre se aglomera en los
jardines exteriores, la adornada pista del baile de globos que se prenden en
los cordones que atraviesan el espacio, se inunda de confeti y de las luces
brillantes que dan vuelta por el reflejo de una gran bola de cristal que pende
del centro.
La
madrastra de la cumpleañera, intrigante mujer de imponente carácter y maléficos
fines, como el tornado atraviesa sus aposentos, seguido de su séquito de
malandrines y los secuaces muñecos de las capas negras y las máscaras de papel
y goma. Para impartir Instrucciones para evitar el ingreso al palacio y a la
fiesta a un joven paladín, a quien la princesa admira y cuyo destino esta por
definir, por los planes malévolos de la dama que pretende obstaculizar, su
presencia en la fiesta.
Las
cornetas anuncian la llegada de los primeros invitados que en bellas carrozas
se estacionan en el puente del ensueño, iniciando la entrada hacia el salón de
recepciones. El mayordomo de voz grave cuenta quien llega, después de somatar
su bastón de caramelo y efectuar una reverencia, saluda de introducción,
inclinándose e indicando con su brazo el paso del recién llegado.
Los violines, junto al piano se
afinan entre si, en espera que se les de la orden para iniciar la música y el
principio del cotejo.
En
la ansiada espera, el público se arremolina en los alrededores de la pista, mientras
degustan ricos manjares y bebidas espumantes. Los padres de la quinceañera, son
anunciados en su despampanante aparición, en descenso de la escalinata semi
circular que descansa a los pies de la mesa principal. La dama con un vestido
de color oro, con precias de vívidos blancos que bajan de su cintura, un
flotante collar de piedras preciosas que le cubre el cuello, un sombrero de
pana, que hace sobresalir su cabellera negra, una malla que protege su rostro
donde muestra una disimulada sonrisa, un tanto irónica. Si ella es la madrastra
de la princesa. Se cuelga del brazo del caballero, de traje azul oscuro, con
ocho botones de oro en el pecho, hombreras del
mismo material, que se ajustan con un cuello. El espadín a su derecha
que se mueve rítmicamente mientras desciende las gradas, botines de charol que
relucen en cada armónico paso. Un estruendoso aplauso se dispersa por los
salones y entre los caballeros y damas de la corte, mientras nuestros
personajes se posesionan del sitial de honor.
En
la parte superior de los pasamanos de la escalinata, la princesa se asoma
nerviosamente, su hada madrina le hace compañía y la impulsa a iniciar el
descenso hacia el salón de recepción. Ella curiosa insiste en observar a las
personas, buscando entre ellas a un joven que le roba el resuello, pero sus
esperanzas se ven frustrada al ver que no ha llegado. Su corazón le palpita
fuertemente, guardando esperanzas para encontrarle mas tarde. Paso a paso, baja
cada grada de la escalera y el remolino de aplausos y algarabía se hace
presente en su llegada, donde le hacen valla hasta llegar a la diestra de su padre.
La
maléfica dama se interpones y en un acto de altanería toma del brazo a un joven
sobrino, colocándole frente a la niña, lo presenta y le invita a emparejarse,
levanta sus manos e inicia un aplauso, mientras sorprendidos, tanto el padre
como los demás invitados, se ven caras en el bochorno de la joven. El hada
interviene, invitando al padre a tomarle la mano a su hija para iniciar el vals, y romper el baile.
En
el paseo de los árboles, que se dirige a la entrada de los jardines del
palacio, se detiene una carroza, adornada de galletas de vainilla, el caballo
de clin blanca como de nieve, se ha detenido, algo le hace relinchar de miedo y
no da paso hacia delante, el extraño comportamiento hace descender al muchacho
que junto a un gnomo invisible, su acompañante, se enfrentan al extraño
fenómeno. Varios sujetos de capas negras, máscaras de papel y goma, caen sobre
el joven, siguiendo ordenes de la bruja, él a pesar de su resistencia se ve
vencido, tomado prisionero, amordazado y luego llevado hasta los cobertizos, en
las bodegas de los vinos, donde después de sujetarlo, le dan a beber una poción
mágica que le hace caer en un profundo sueño, además de transformarse en un
viejecito de mas de 100 años.
El
gnomo, quien solo puede ser visto por el muchacho, no es entonces capaz de
intervenir, escapa para introducirse hasta la fiesta, buscando a alguien que
sea capaz de ayudarle para salvar a su amigo.
La
fiesta es toda una algarabía, las copas de champagne y las ricas viandas
circulan a lo largo y lo ancho del festín, la música se eleva de tono y los
danzantes se escurren ordenadamente sobre la pista. La chica después del baile
con su padre no ha podido deshacerse del sobrino de su madrastra quien la lleva
por toda la pista, mostrándose como su pareja ideal. Aprovechando un descanso de la orquesta se zafa de su pareja y
se dirige hasta un rincón donde le espera su hada madrina, quien le indica no
saber nada de su enamorado, le insiste sin esperanza, cuando de pronto, algo
cae en su regazo, una fresa con chocolate le mancha su precioso vestido, nadie
se percata del origen del incidente, por lo que en compañía de su amiga se
dirige a su habitación para resolver el accidente.
Varios
incidentes, ruptura de cristales y nudos en la ropa, se llevan a cabo, por lo
que el hada entra en curiosidad, imagina que algo extraño sobrenatural les está
sucediendo. Usando sus poderes, descubre una ánfora que tiene envuelta en una
bolsa de terciopelo, le coloca las manos a los lados y el contenido líquido
empieza a hacer burbujas, luego de aclararse en el fondo se materializa la
imagen del gnomo, quien le cuenta lo sucedido, que él es testigo de cuanto le ha
pasado a su amigo, cuando cayo en manos de los cómplices de la bruja, lo
secuestraron y se encuentra prisionero,
dentro de las bodegas del vino del propio palacio. Le fue dada una poción que
lo transformó y lo tiene dormido.
Además
les cuenta que en su paso por los aposentos del palacio, tuvo acceso al libro
de conjuros de la Bruja,
donde está escrito todos los males y hechizos que produce la madrastra, quien
intenta llevarse a la princesa fuera de allí, casarla con su sobrino y exilarla
en un castillo, lejos en la montaña.
Conoce el secreto o la manera de
deshacer la magia de maldad que afecta al muchacho.
Ambas
tomadas de la mano, caminan por los amplios corredores, hasta la cámara del
tesoro del palacio, en una de las catacumbas, donde un perro de grandes
colmillos franquea la puerta de metal de la entrada, sorprendidas en un momento
se detienen antes de hacerle frente. El animal empieza a brincar y hacer
intentos de atacar, se vuelve loco y ladra desaforadamente hacía un punto en la
parte superior de puerta, salta y luego cae al suelo, lo intenta nuevamente
hasta quedar suspendido en el aire, todo gracias a la magia del Gnomo, lo que
les permite a las dos chicas penetrar al portal, en cuyo interior y cubierto
con cueros de animales salvajes se encuentran el mayor tesoro del reino. El Arbol de Plata, que brilla con su luz propia.
En el centro del tronco hay un agujero, donde el hada madrina procede con el
fin de proteger a la princesa introduce la mano, encuentra un frasco de la
poción mágica, pero al tratar de sacarla el agujero se cierra y queda atrapada,
otra vez con la ayuda del Gnomo, quien abre un agujero en la parte trasera del
tronco, rescata el frasco, que aparece intacto en las manos de la niña. El hada
se desvanece en el aire y junto a los demás, se materializan, en las cercanías
de las bodegas del vino.
El grotesco espectáculo de un ser
anciano y arrugado y encogido, es la primera impresión que obtienen. La
princesa destapa el frasco y lo vierte en la boca del viejo, quien empieza por
estirarse y recobrar el sentido, al cabo de un rato el efecto aún es lento, a
pesar que las arrugas de su piel no han desaparecido, el cuerpo ha tomado mas
tono y algo de complexión. La princesa se tapa los ojos en espera de una rápida
transformación, pero esta se efectúa muy lentamente. Suponen un viaje en las
vereda de los cajetes y los dulces de bastón que les llevan al palacio, donde
es un caos.
Los
invitados de la fiesta, todo el mundo se
encuentra asustado y con la angustia de compartir la angustia del padre, por la
desaparición de la joven. Los soldados de plomo, ingresan marchando
armónicamente, junto a la princesa, que se ve acompañada por su hada y un
hermoso joven, cuyo resplandeciente rostro se muestra como sacado de un cuento.
Un
gigante bola de boliche hace chuza en el pelotón de soldados que se caen en los
alrededores, del cielo sale un ave de rapiña que se deja caer sobre la
princesa, el joven afortunado logra tomarlo de una pata, dando una vuelta en el
aire se encarama sobre su lomo, torciéndole el pico con la ayuda de su amigo,
el gnomo, lo hace caer al suelo. Con gran valor el hada madrina manipulando su
ánfora, toma un rayo color violeta y lo lanza hasta donde se encuentra la
bruja, quien cae al suelo, fulminada. El elegante vestido se resbala, dejando
salir a una anciana bruja, que se grita conjuros, mientras su piel se
transforma en un arrugado bolsón de huesos, su cuello y cabeza llena de
escamas, no dejan de mostrar en su nariz un lunar grande, que luego cae a los
pies de los jóvenes y se esfuma. La fiesta se termina floreciente cuando la
niña y el joven se toman en un abrazo y concluyen la danza.
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