lunes, 29 de abril de 2013

MI CACHARRITO



          Ilusiones de patojo, cuando de sorpresa y siendo bastante pequeño, recibí para mi cumpleaños, un juguete, armatoste, hecho de madera, pintado de anilina, era un camión, que apenas alcanzaba para sentarme sobre la cabina y lo empujaba con los pies a los lados, pero con el rótulo pintado “Mi cacharrito”. Las ruedas que se movían al unísono, estaban simplemente clavadas en las bases donde se dibujaban los ejes, pero la verdad era la delicia para remolcarme entre los dos cuartos de la casa. De pronto me entraba el aburrimiento, mas porque quizás jugaba solo, me las ingenié colocar una pita para poder jalarlo, le llevaba hasta la puerta y me animaba a arrastrarlo en la acera de la calle, me lucía ha veces haciendo el ruido del motor, o un rechinido de un frenazo, cuando lo detenía.
          A rabietas me comportaba cuando las órdenes de los mayores eran:
--- Prestáselo a tu hermano…, mirá que el es mas chiquito…
          Me quedaba sentado en la grada de la puerta, echando pestes, por lo que me pasaba, con una lágrima en los ojos me preguntaba ¿Y no acaso a mi me lo regalaron, vaya pues?, la ley de la vida, solo por que debería compartir con el menor, la cosa era que en algún momento él tendría que hacer lo mismo con el pequeñín.
          Vaya me tenía que aguantar, pues no había quien me heredara, por ser el mayor, claro se me iban los ojos por un carrito, como el del vecino de enfrente, mas grande, de aquellos que uno se mete y a través de pedales, camina y lo conduce a mayores distancias y hasta para hacer carreritas. Pero eso estaba muy lejos de de suceder.
          Al paso del tiempo y con la colaboración de mis hermanos, construimos una plataforma de madera con un par de tablas y cuatro ejes en las esquinas, donde instalamos, ruedas como de patines, la ingeniería implicaba la colaboración de los tres, el que manejaba, el que acompañaba y el que empujaba, esto en la bajadita del callejón donde vivíamos. Siempre un motivo de camaradería y de desavenencia, cuando alguno se cansaba de ser el que empujaba o tenía pocos chances de conducir el vehículo.
          De las ocurrencias que pasan, puse en la parte posterior de la patineta un lazo, con el fin de darle participación y actividad, a mi querido camión, que se había quedado en desuso. En una de las tantas salidas a rolear, mientras descendía halado por la pita, me paré sobre la carrocería, del cacharro, que se resintió por el peso, se volcaron las ruedas y después de tremendo sumpangazo, terminó destruido en la orilla de la banqueta de la boca calle.
          Con un par de raspones y un chichón, tomé los restos y los pedazos de madera y los fui a esconder con mis cómplices, siempre por aquello que representaba, destruir algo y las llamadas de atención o castigo de los padres. Pero como el acontecimiento pasó aparentemente desapercibido, en un acto de mantener vivo el antiguo cacharrito, optamos por clavar varias de sus piezas en el nuevo, las pinturas de la carrocería en los lados y en la parte frontal el bomper donde resaltaba el nombre “Mi  cacharrito “.
---Haber niños, quiero saber que hicieron con el camión?---preguntó un día mi padre.
          Nos quedamos viendo entre si y sin animarnos a responder.
--- Ya me di cuenta que lo hicieron pedazos y lo pusieron de adorno en la patineta.--- en tono indiferente.--- pensé que ya había ido a parar a la leña de la cocina.--- mostró el esbozo de una sonrisa, quizás como signo de aprobación.
          De juguete pasó a medio de trabajo, con algunos arreglos logramos que se convirtiera en carreta para transportar los canastos que mi madre recogía al ir de compras al mercado. Cuando salíamos de la escuela, nos ocupábamos de movilizar a la señora de los atoles a su puesto de venta o de llevar algún mandado de los vecinos. Unos lenes no nos caían mal. Bueno también cargábamos algunas perchas de leña para la casa, o ayudábamos a mi padre en la compraventa de tomate, negocio que nos mantenía y daba de comer.
          En un día tras el regreso de mis hermanos de la escuela y yo del instituto, teníamos fiesta en la casa, había pino regado en la entrada y una sábana blanca en la puerta, el olor a los guisos era de una exquisitez única, uno que otro fisgón se asomaba a la puerta con la curiosidad de lo que se trataba el asunto. Entre también lleno de curiosidad en directo a saludar a mi madre, quien me recibió muy alegremente, estaba radiante con su vestido dominguero de flores azules y celestes, con cuello blanco, un delantal nítido hecho de retazos, al verme se me lanzó a los brazos y me dio un fuerte abrazo.
---Mamá, que pasa…--- la felicidad le revoloteaba por el rostro y casi no podía hablar de la emoción.---
          Hice un rápido recuento, para ver si no había olvidado alguna fecha como de cumpleaños, para explicarme la fiesta. Los hermanos sonrientes se adelantaban a darle una probadita al caldo, o tasolear con tortilla el recado de la carne.
--- Hay mijo…. Que felicidad… sabes que tu papá se le hizo el negocio de su vida…---
---Haber cuente pues, dígame el milagro y el santo, que no imagino de que se trata.---
--- Te recordar que hace un tiempo, el viejo invirtió un poco de dinero en una tomatera de su tierra…---
----Y entonces….
---Pues resulta que eso ya va para varios años, hasta le dije, mirá ese pisto ya no lo vas a volver a ver, esas gentes no son de fiar y te lo van a gueviar…---
--- Aja!---
--- Y entonces resulta que uno de sus primos se apareció por allí por el puesto y le dijo que el abuelo le había heredado una buena cantidad de pisto y parte de la tomatera donde había metido el dinero hace dos años.---
--- Que bueno, me alegra por él, siempre quiso hacer crecer su negocio y ahora se le va a dar…. Cuénteme y el viejo donde anda---
--- Después de que recibió el pistío, salió desde media mañana y dijo que iba a regresar con una sorpresa. Me dio para lo del almuerzo de la celebración y saber a donde se fue.---
          La tarde se escurrió entre almuerzo celebraciones, pero con la familia tenía pena sobre la no llegada del jefe, sin saber donde buscar, ni siquiera comunicarnos para saber de su paradero. Las interrogaciones y las investigaciones se empezaron a gestar en el interior de los amigos y lugariegos del negocio, pero fueron infructuosos. Los focos de luz se prendieron sus brazas en el interior de la sala donde permanecíamos con la familia con la congoja respectiva. Los amigos visitaron el hospital y los separos de la policía sin tener ninguna respuesta positiva del desaparecido.
          Chonita vecina del palomar, se llegó a poner a las órdenes y con su rosario traído de tierra Santa, se comprometió a hacer un rezo, para pedir que apareciera mi padre.
          Tal como un velatorio, las luces de los rayos del sol y el canto de los gallos, despertaron la mañana, un tanto fría, el sereno había dejado algunas señas sobre los tejados y el pavimento que estaba húmedo. Mis hermanos pequeños amanecieron doblados sobre los muebles de la salita, mientras mi madre se instaló en el cuartito de la cocina para preparar una turumba de café.
          En el espacio del desayuno, nos reunió en torno de la mesa:
--- Hijos, a como está la situación hay que estar preparados para lo peorcito, su papá desapareció desde ayer a medio día y no sabemos de el. Hay que pedirle a Dios por su retorno o en todo caso de su bienestar…---
          De pronto a nuestras espaldas.
--- Y ustedes se puede saber que es lo que están planificando.---dijo papa, quien con un aspecto de desvelo y despeinado, se apostó en la entrada del cuarto.--- ya llegó el que estaba ausente…!!!---
--- Papá…! Borracho venís, ---le indiqué.
--- Yo le dije a tu madre que iba a ver con una sorpresa y aquí estoy…, pero  borracho yo, nunca me tomé un trago y menos ahora.---
          Los cuatro nos acercamos y lo abrazamos:
--- Y nadie pregunta por la sorpresa…!--- dijo papa, mientras señalando con su brazo --- Allí frente a la casa está….
          Todos salimos abrazados de alegría hasta llegar a la calle. Un sendo pick-up de los buenos, de los japoneses, se encontraba estacionado frente a la casa, el grupo admirado lo rodea y apenas cree lo que ve.
---Saben porque me tardé?--- dijo --- imagínense.
--- No! --- respondimos casi en coro
--- Como se tardaron en pintaran esto--- y  les  muestra  en el  bomper  trasero --- Este rotulito pendejo. Ja, ja, ja, ---
El rotulo rezaba: “MI CACHARRITO“



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