El
candelabro que ya muestra señales de abandono en el centro de la mesa, cubierta
con una fina capa de polvo, que tapiza el madero de caoba fina, trastos de
cristalería con huellas de animalejos que se arrastraron en su interior, junto
a los restos de hilos de tela de araña
que se cuelgan de los artefactos, todos fueron olvidados en el sitio exacto
donde se detuvo el tiempo, la sombra del
pasado que enseñaba como el trágico suceso sucedió sorpresivamente.
Las
sillas arrimadas, unas caídas y el resto como movidas a propósito, desordenadas,
formando una colección de sillones que en algún época fueron elegantes, de
colores radiantes, ahora permanecen inmóviles, cargadas de agujeros de polilla,
la tapicería de tela que sufrió el paso del tiempo, se deshilaron en sus
esquinas, para dejar paso al colchón de bodoques de algodón, que le servían de
cuerpo al sentadero.
El
silencio, parte del escenario se muestra lúgubre desde el abandono del
castillo, todo a raíz de los fenómenos extraños que sucedieron, mientras se
celebraba un apoteósico acontecimiento. Actividades mágicas, maleficios que fueron
lanzados en su contra de la corte, mandatos
de hechicería que destrozaron a los mayordomos y miembros de su séquito.
Esto
sorpresivo acontecimiento oscureció el panorama de la fiesta, provocando una
catástrofe de consecuencias fatales donde el palacio se quedo prendido en el
pasado, la muerte sobrevoló como aves de rapiña junto a los mantos que hicieron desaparecer sirvientes
e invitados detrás de una nube de acertijos que como un torbellino acabó de un
plumazo un alegre acontecimiento que se efectuaba ese año, con la crema innata
de la sociedad, situación que transformó
a una tranquila monarquía en una singular película vieja de tristeza soledad y
muerte.
Como
en un cuento de hadas, un grupo de exploradores, amigos de la princesa que
había quedado fuera del hechizo, fueron conducidos hacia el encantado castillo,
llevando las posibles respuestas a este fenómeno. Mucho había buscado la dama habiendo
descubierto, el talismán de agua marina, para deshacer el encanto y resolver el
secreto de su maléfico encantamiento. Los espejos de sílice adornados con agua
de mar eran los secretos para disipar toda clase de hechizos.
En
los albores de la primavera un magno acontecimiento de avizoraba en el Templo
de los Tres soles. El matrimonio y viaje de luna de miel de los príncipes de la
casa real se acercaba aceleradamente, todo un acontecimiento que llegaba a la
cima de la celebración pomposa que a grandes voces recorría por las veredas y
los bosques con los pregones que llevaban la voz a los mas recónditos lugares,
la noticia de la unión de los mejores representantes de las casas reales, que como
miembros del lado sur del río mayor de la península. Carros de noticias que se
incursionaban en las aldeas y caseríos para llevar la buena nueva.
En
los reinos del norte vivía una bruja, que deseaba con muchas ansias, hacerse
emperatriz de todas las comarcas del lugar y buscaba la oportunidad de hacerse
del poder más grande y reinar a través de un descendiente. Esto implicaba
apoderarse del Templo de los 3 soles y todos sus habitantes, por lo que miraba
con ojos de lujuria las cosas buenas de sus vecinos y buscaba como hacerse
participar en la celebración de la boda de los príncipes. Era tanto su celo que
al verse ignorada incluso para la invitación de la boda, en un ataque de rabia,
convocó a sus vasallos los cuervos y les envió en misión de observación hasta
el castillo, a fin de mantenerse enterada de todos las actividades.
Mientras
tanto ideaba la manera de provocar una catástrofe de venganza, en el interior
de la atalaya de su propio palacio, se encerró por tres días y tres noches
mientras invocaba a los espíritus del mal, los grandes libros de la magia negra
fueron consultados. En medio de la habitación sobre una hoguera hervía una
tiznada tinaja, donde depositaba menjurjes, hierbas extrañas y toda clase de
pócimas mágicas. Con una gran paleta les daba vuelta para mezclar los poderes que
contenía el elíxir. Mientras cantaba invocaciones con danzas macabras convocando
a las almas del averno, para completar los maleficios de su pócima.
Un
grupo de murciélagos le observaban de cabeza, mientras ella se solazaba
lanzando maldiciones, cuchicheaban sacudiendo sus peludas alas para ahuyentar
los fuerte olores del cocimiento. De
pronto, los cuervos llegaron de uno en uno llevando la noticia, el
acontecimiento estaba a punto de principiar, los actos religiosos, por supuesto
la gran fiesta de celebración se prestaba para dar inicio en las siguientes
horas. Todos los simpatizantes de la pareja estaban ya en primera fila para
observar el acto.
La
bruja, tomó su capa de terciopelo negro con sus varita mágica, llenó un ánfora
de vidrio con la pócima y cubriéndolo con su manto se trasportó hasta su
lúgubre carroza, allí le esperaba sus sobrino, con su elegante vestido de
fiesta, tomó su cochero y arrió los corceles de ojos brillantes y cascos de
acero, que la llevó como el viento y por los aires hasta las afueras del Templo
de los tres soles.
Con
la fuerza de la maldad hizo su ingreso hasta la sala principal del palacio,
donde sorprendió a los visitantes, sus lacayos de fuertes armaduras tomaron de
rehén a la princesa, llevándola fuera de la habitación, entonces ella se detuvo
frente los reyes y mayordomos, sentada en una nube por encima de la mesa
principal, abrió su brazos y luego de lanzar una estridente carcajada….
--- Mis señorías ilustrísimas, vengo
a mostrarles mis congratulaciones por la hermosa celebración, aunque…--- llena
de ira vociferó ---COMO ES QUE A LA REINA
DEL MAL NO LA TOMARON EN
CUENTA?--- con su huesudo dedo índice señalando a los reyes.--- no me quedó mas
que hacerme presente y presentarles un regalito…! Ja, Ja, Ja, un regalito
mágico.---
Saco
el ánfora de la pócima, la destapó y antes de lanzar el conjuro, observó que el
frasco ya no estaba lleno, luego lanzó el líquido sobre la mesa y sobre los
asistentes, luego levantó las manos y haciendo círculos con su varita profirió
el conjuro.
Un
gran trueno se dejó escuchar por todo el salón, rayos y centellas se cruzaron
por los rincones, una oscura nube se dejó caer sobre todo el salón. Uno a uno
fueron cayendo al suelo el Rey y su comitiva, los mayordomos y todos los
invitados y asistentes de la boda, una fantástica transformación se llevó a
cabo, todos y cada uno de los presentes se fueron llenando de pelos, sus brazos
se alargaron, trasformándose en monos, que en un principio se alocaron,
saltaban de un lado a otro mientras chillaban desesperadamente al verse en su
transformación. Luego fueron quedando en letargo hasta que quedaron adormitados
alrededor del salón.
De modo que la bruja, con aire de triunfalismo
salió hasta el jardín de la entrada, donde había dejado la carroza. La princesa
daba de gritos, mientras era llevada con lujo de fuerza hacia el interior de la
misma, mientras tanto la maléfica se acercó para presentarle a su bello sobrino,
con quien deseaba que se desposara. Sorpresa dentro se encontró un mandril más
feo que los otros.
--- Tonto, tonto, tonto--- dijo la
bruja, mientras le somataba con las manos la cabeza.--- Tú…. Tú te bebiste un
poco de la pócima,--- y gritó!--- Auggg…!, porque tendré familia asi…!!!---
El
mono se le quedó mirando y le dibujó una amplia sonrisa, le sacó la lengua y se
rascó insistentemente la cabeza…
Los
amigos de la princesa, llegaron hasta el lugar, ya que por la noche, las almas
de los monos deambulan con los vientos en los alrededores, escondiéndose de las
sombras, las señales en la oscuridad de la noche se escuchaban los cantos de
las lechuzas, los búhos, que apáticos cerraban sus ojos para hacerse los
desentendidos al paso de hechizo, como cuando el miedo se apoderaba de los
presentes.
Los
espejos misteriosos, llevados por la princesa, fueron colocados frente a los
vitrales que permanecían ocultos por las enormes cortinas, y ocurrió que durante
la mañana a la presencia de los rayos de sol, el hechizo empezó a desvanecerse,
los espíritus de los monos, rebotaron en el piso y su mágica transformación se
fue llevando a cabo, los cuerpos de humanos volvieron a la vida. Los reyes y
mayordomos tornaron su sitial de honor y
reordenaron con sus empleados. Como por arte de magia, todo volvió a la
normalidad, desvaneciendo en el aire toda sombra de maldad y bajo los efectos
benévolos de los rayos del sol, la boda llegó a su final feliz.