viernes, 24 de mayo de 2013

LA FIESTA DE LOS JUGUETES



          Allá en el cajón de madera de pino, pintado con anilina, encerrado en el cuarto de juguetes, están las pelotas, el oso de peluche y una desvencijada muñeca de trapo a quien ya le falta una pierna, tiene su vestido rasgado de donde se le sale el algodón de su interior, los acompaña TATARI, la marioneta de madera delgada su cabeza, de paletas de helado sus extremidades, su cuerpo una tableta donde se engrapan, sus brazos y piernas,  a duras penas se pone de pie, los hilos que le dan vida están enredados, mientras los broches de las articulaciones están flojos.
          Con harta dificultad sube hasta el borde del cajón donde engancha entre el brazo y la cabeza, haciendo el intento para brincar y abandonar el cajón. Cae casi desarmado sobre si mismo el piso, mientras alguno de los hilos permanecen enganchados en el interior de la caja.  Endereza una pierna con el uso del tirante de la pita, se mueve con el botón en su cadera, lo que le permite sostenerse en pie, se sacude alegremente moviendo su cabeza de un lado al otro, al liberar sus brazos.
          Camina graciosamente lento pero seguro sobre la alfombra adornada de personajes de la farándula infantil, se recuesta sobre sus paletas, con su mano sosteniendo la cabeza para observar las figuras de los muñecos héroes de plástico que permanecen regados en el suelo. Observa por detrás de la silla mecedora, donde aún hay oscuridad se dejan ver dos ojos en el fondo los faroles, es el carrito color rojo, de un pie de largo, que le hace ojo pache para que lo deje participar en el juego, es uno de esos escarabajos VW, que ha sufrido los embates de malos tratos de los juegos, le falta una puerta y la compuerta trasera ya no cierra, en cuyo interior su motor a escala ya ha sido trasteado y los tapones han desaparecido, pero aun así permanece activo.
          El dinosaurio de baterías se despereza cuando se  enciende, se mueve en todas direcciones, estira su largo cuello cuando  lanza un grito que asusta  a todos los juguetes menores que permanecen tirados a lo largo y ancho de la habitación. Los soldaditos de plomo que permanecen encerrados en una caja de cartón, se inquietan y empujan las tapaderas para liberarse de su cautiverio, alarmados insisten en los empujones para a través de sus marchas poder participar de la fiesta.
          TATARI, se acerca hasta una simpática caja de joyero, pintada de rosado, le hace girar la manivela que se encuentra en el costado, varias veces a la derecha, hasta llegarla a su final, procede a levantar la tapadera donde como resorte, salta una muñequita que se sostiene de una barra, é inmediatamente empieza a dar vueltas con los acordes de la música de campanitas, a la marioneta se le dibuja una sonrisa y sus mejías se tornan rojas, cuando le hace la imitación y baila junto a la bailarina.
          El escenario se completa con el resto de los habitantes, el trompo con su traje de rayas horizontales se hamaquea rítmicamente, mientras da miles de vueltas, un YOYO que desciende de un lazo y se trepa después de un instante, sonido que le hace remedar a los patitos amarillos que en ausencia de sus patas hacen como que nadan en la alfombra. Los trocitos de madera se colocan en fila empujándose los unos a los otros como desfile, el trencito se despierta, expulsa una bocanada de humo por la chimenea y su silbato le abre paso entre los asistentes. Tomados de la cintura zigzaguean los gatitos en patines de plásticos que completan la ronda de los bailarines alrededor del escenario.
          Cuidado, en el rincón de los cajones especiales, es prohibido acercarse, los serios juguetes electrónicos, con cara de pocos amigos no intervienen, ellos son los de moda, los selectos, los que especialmente son requeridos para entretener a los dueños de la casa. El helicóptero de control remoto, se cruza de brazos y se hace el indiferente mientras charla con la pista de los carritos eléctricos, como serios y no participantes las maquinitas de PAC-MAN y Súper Mario Play Station, que ignoran lo que sucede mientras reposan en delicado sueño.
          Al que le pican las costillas y hace por mantenerse callado aunque llevando el ritmo, es teclado electrónico, que permanece dentro de su caja cubierto con celofán transparente agilizando sus 49 teclas y 32 medias u octavas negras, que se hacen empujones al escuchar la música. El resto altaneros se sientan empurrados al no participar entre los juguetes sencillos.
          El director es la marioneta y con todo cuidado hace que sus amigos disfruten del momento y presto se encuentra para cuando al terminarse la cuerda de la caja, él inmediatamente se presenta a repetir el procedimiento de recarga, para continuar con el jolgorio.
          Un ratoncito de cuerda por fricción, salta asustado y corre desesperado hasta el sitio de la fiesta. La noticia es urgente, la presencia de alguien a inmediaciones de la habitación es inminente. Corren todos despavoridos, mientras se esconden en los rincones y el suspenso hace presa de los juguetes. Si, alguien viene, el sonido de la llave y el movimiento del picaporte se escucha a lo largo del salón, la puerta se abre vigorosamente.
          Todo se encuentra inmóvil, ni el mas leve zumbido se aprecia, los muñecos mas lentos quedaron a medio camino, tirados en la alfombra, la bailarina de la caja de música aguanta la respiración mientras la última campanita tintinea en el escenario. TATARI, cierra sus ojos y no tiene mas remedio que recostarse a un costado del joyero.
          Ha entrada la mucama, la señora encargada en hacer limpieza, con su escoba en la mano, se detiene frente a la alfombra y con una cara de desacuerdo, refunfuña, se pone la mano sobre la frente, luego se toma los cabellos. Frunciendo el ceño y haciendo una serie de gesticulaciones, se convence de que en los cuartos de juguetes, las revoluciones y el desorden son siempre inevitables.  Encoje sus hombros y con el pensamiento de decir, que remedio, se dispone a cumplir con responsabilidad a su trabajo, se acurruca sobre la pista, reuniendo con sus manos a  cada uno de los grupos de muñecos, los instala en sus respectivas cajas, las torres de trocitos son acomodados en orden en su recipiente. Otros mas vuelan por los aires para ocupar las estanterías rotuladas con su nombre, enredados los peluches caen algunos de cabeza cuando caen de columbrón en  una de las cajas.
          Después de completar el ordenamiento, el lugar se ha despejado, ella toma la caja de música y en un arranque de curiosidad le da vuelta a la cuerda, lo que hace que la bailarina se continúe dando algunas vueltas con la prolongación de las campanitas, la marioneta que aun permanecía en la orilla de la caja, mueve sus paletas y abre sus ojos, lo que la hace caer en el regazo de la mucama, quien poniéndose de pie se altera y quizás con un tinte de miedo, se deshace del cofre cerrándolo, agarra de una de las piernas a TATARI, se le queda viendo, observa si se sigue moviendo y luego despectivamente lo lanza al interior del cajón, donde termina al igual que siempre enredado en sus propios hilos.
          Siempre que escuches el tintineo de una caja de música, en el cuarto de los juguetes, te recordarás de la marioneta, que gustaba de danzar con la bailarina que daba vueltas en un pedestal.

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