El desfile es un tanto especial, se inicia en los linderos de la plaza y de pronto recorre las calles principales de la gastronomía chapina, los asistentes en gran número abarrotan los lugares de paso. Múltiples lluvias de confetis, ramilletes de globos multicolores se hacen presentes en las esquinas, donde los chiquillos juguetean en pandillas. Al rededor de las carretas de sorbetes de sabores y las cornucopias de helados hechos a mano. Los algodones de colores que vuelan engarrotados en varitas de bambú, panderetas de mazapán, acompañados de bolsa con tiras de mango verde, bañadas de pepitoria.
Las
trompetas con su sonido estridente abren paso en el primer tramo, se hacen
acompañar de un centenar de redoblantes, marcando el paso, bombines, tamborones,
que remarcan con su grave ton-ton, tontorotonton. Los timbales y el resto de
los instrumentos de percusión se bambolean en la cintura de los ejecutantes
para demarcar el ritmo de las canciones. Alguien con un bastón, dirige la
orquestina.
La
algarabía del público se hace efervescencia cuando a la distancia se observan
las primeras carrozas, que se ven antecedidas de jovencitas de falditas cortas, mostrando la
belleza de sus piernas, cuerpos
juveniles que rítmicamente se contornean, mientras lanzan sus batones por los
aires y hacen de piruetas en su baile.
Aplausos
a mas no poder cuando se acerca la carreta de los dulces típicos, las enormes
ollas de barro color café, con los molletes rellenos de manjar, que nadan en
las mieles del azúcar, de chuparse los dedos, mientras con las paletas de
madera remueven el caldo caliente del
jarabe. Los montones de pelotas de color amarillo que en grupos de 3 y de 5,
forman pequeñas pirámides, unas encima de las otras, los nuégados bañados en polvo azucarado, que se mueven al
compás de la carroza.
No
se diga las canillitas de leche que marchan a los lados del transporte, con sus
cuerpos estilizados, haciéndole ojo pache a sus vecinos, que encaramados en la
tarima se derriten en la miel color verde, los higos que se apoyan en las
ramillas de canela que le enmiendan sus delicioso sabor.
Ya
en la parte superior de la carreta, se entrelazan las ruedas oscuras de los colochos,
hechos de guayaba, que se adornan con los granos blancos de azúcar en su
pescuezo. La caja de al lado contiene los trozos de color ámbar, Chilacayotes
empacados de hilachas con ojos de pepitas negras, estos se encaraman para
saludar a los asistentes, así como los reposados pedazos de camote que se
recuestan haraganes en la cintura de la barcaza.
Los
Cuadrados de pepitoria abren la proa de la siguiente carroza, que se sacuden de
miel de trapiche en sus costados, allí brincan las bolitas de carne de tamarindo,
bañados de polvo dulce, que se empujan de un lado a otro, para bañarse de sol.
Muy bien formados se encuentran los rombos de carnaza de coco, que con
múltiples espirales se cubre como vestidos de fiesta, algunos blancos y otros
de café, también los cuadrados de
mazapán siempre muy serios y sin decir palabra, se detienen el uno sobre el
otro para no caerse. Amarrados en el mástil, los collares de manzanilla son los
que se adornan en la parte de arriba, donde se cuelgan las tuzas que contienen en
su interior los dulces de piña.
En
la parte posterior se encuentran toda clase de figuras, muñequitos, jarritos y
casitas elaboradas de clara de huevo y azúcar, bellamente decoradas con
anilinas de colores. Los dulces de Colación y las canicas o anicillos de que se
mezclan con la fortaleza del anís.
El
espacio se abre, con grupos juguetones de bailarines que hacen paradillas, máscaras
de personajes que hacen de parodia, payasos multicolores que resoplan para dar multiformas a las vejigas, manos hábiles que transforman
una salchicha, en flores, perritos y sombreros, para distribuir entre los
asistentes.
Paso
seguido una carreta más, la de los platos de comida típica. 6 tacos con tiras
de cebolla sobre sus cabezas, se colocan en el frente, en la cintura cargan un
atuendo amarrado de tusa, donde rebalsan las hojas de cilantro. Que les da una
elegancia de uniforme de milicia. Las pacayas envueltas en huevo, que con sus
múltiples vainas saludan agachándose sobre su tronco
Los
famosos tamales colorados envueltos en hoja de plátano, que desvestidos
muestran la masa de maíz con la salsa colorada y los trozos de carne en su
interior, algunos con alcaparras y aceitunas. Arrimados también los paches, sus
primos hermanos, solamente que su maza es de papa y chile picante en su
barriga. Los chuchitos, envueltos en tuza, con una moña en la cabeza que amarra
su contenido y mezclados con hojas de chipilín, con loroco o con carne de pollo
o marrano, o los dulces como los de cambray.
En
el centro se recuestan los chiles pimientos rellenos, quienes les han sacado la
base y las semillas para ocuparlos de carne de marrano picada y trocitos de
zanahoria, papa y arbejas, luego envueltos en un abrigo de clara de huevo
batido, para mostrarse con su gancho en la cabeza.
Las
tostadas se despachan en la popa, donde se embadurnan alegremente con la salsa
de tomate, espeso de frijol y aderezo de guacamol con hojitas de orégano, todos
adornados con cebolla, despenicado de queso seco y una que otra gota de limón.
Las deliciosas tortillas dobladas con hilachas de carne y repollo cocido, que
se doran en la orilla para mostrarse y abrirle el apetito al público. Las de
queso son más recatadas, porque sin dorarse, solo muestran el interior, cuando
llevan lorocos, polvo chicharrón o masa de flores de güicoy.
A
su costado, se encuentran reventados los canutos de Yuca, que suavemente cargando
sus adornos de trozos de chicharrón, con restos de tomate cocido. El buche, estómago del marrano, que se hace en
pedacitos, con los rábanos picados y bañados con limón, para comer con
tortillas salidas del comal.
Es
la siguiente carroza, la de las ollas grandes y de los caldos. La inicia el
caldo de kak´ic, donde los jugos de los diferentes chiles le hacen frente a las
carnes de chunto, los tomates asados y molidos en piedra le dan un sabor
especial, las piernas y las alas de del chompipe se sacuden rítmicamente
mientras los grandes comales se hacen danzar con los tamales blancos, para
tasolear.
El
recipiente del exquisito pepián, de tres carnes, elaborado con tortilla
quemada, la costilla de res con papa, tomate asado con pechuga de pollo y el
infaltable pedazo de marrano con hojas de yerba buena. Sin dejar atrás, el
insuperable Caldo de Gallina, pero de gallina asada, sopa caldosa con yerba
buena, papas, tomate, con unas cuantas yemas y la madre de los huevos.
Cosa
especial el recipiente nos muestra el revolcado de cabeza de marrano, caldos de
tomates con todos los cholojos del animalito, pimientos y todas las hierbas que
entretienen su gran sabor. Se acompaña del bucul de Pulique caldo de salsa roja,
maíz quebrado y molido, para espesar, con carne de pollo.
Todos
los recipientes bien acomodados, haciendo alarde de su bouquet, la magia de su
sabor y la especialidad de su preparación. En ollas más pequeñas no menos
importantes están las del Tapado, caldo de mariscos espesado con leche del coco, para comer con pan elaborado con aceite
del mismo, o bien con tortilla grande de harina de trigo. El Caldo de pata de
res, el caldo de frijol negro, con ajo y cebolla, cocido en olla de barro, pan
nuestro de cada día.
Hasta
el final se encuentran los recipientes del postre, los elaborados como pan, la
quesadilla de arroz, las tortas fabricadas con yemas, las empanadas rellenas de
manjar, otros como los rellenitos de plátano, cuyo interior llevan masa de
frijol negro. Tamalitos de elote, en hoja verde, para comer con crema.
Empezando
por el atol de elote tierno, cuyo sabor se adereza con los granos del maíz
cocido. El atol blanco de masa, que se acostumbra en las mañanas, con pepitas
de frijol negro y con caldo de chile picante y el que termina el trío de
sotaneros, el tambo de Fresco de súchiles, bebida con preparación de fermentos
que se elabora con asiento de panela, cáscara de piña, maíz tostado y molido,
anís, jengibre, para mitigar la sed.
Todos
saludan al terminar la caravana, la banda de ciudad cierra el paso en el final
de la calle, con los acordes del son “Yo soy puro Guatemalteco”, que levanta el
orgullo y alegra la fiesta de este DESFILE, tan singular.
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