Coquetamente
acicalada la dama se contornea frente al espejo, las sombras y los colores que
le hacen resaltar sus grandes ojos, el lápiz labial le embellece, mientras
suspira elegante en su camerino.
Con
el trasero hecho de felpa, de vellos suaves, con franjas de amarillo y café
malteado, busca en su guardarropa de bailarina, los atuendos que le hagan juego
a sus adornadas alas semi transparentes que sacude frecuentemente, el pedicure
le enriquece sus seis larguiruchas patas, en su pecho se deposita collares de
colores. Se sostienen en su butaca hecha de cera dentro del panal que se
muestra elegante caja de madera de pino, acondicionada por los dueños de los
apiarios.
Tiene
además brillantes sus antenas con bolitas coquetas en la punta que junto al hocico largo y especializado le sirve
para encontrar la miel de las flores. Gracioso animalito, se sacude de
limpieza, mientras se peina frente a la entrada de la colmena, unos cuantos
ejercicios matinales, le sirven para iniciar su ronda de trabajo junto a sus
compañeras que apostadas en la pista de aterrizaje, despegan minuto a minuto para
recorrer los jardines, en búsqueda del polen maravilloso.
Viajan
zigzagueando por los contornos donde los pétalos le atraen, se saborea de
paciencia frente a los pistilos de cada cajete, donde se depositan a recoger el
aroma de las mieles, sus predilectos manjares. Cargando sus cubetas repletas
vuelan de retorno hacia su casa. Empalagoso retorno, en búsqueda de los depósitos
de la colmena donde resguarda su tesoro y sin medir descanso, se lanza
nuevamente a la aventura de obtener más.
La
hora de los cuchicheos se llega cuando con un centenar de ellas se prenden en
las mallas del fulano dedicado a castrar las colmenas, Su clásico sonido les
ayuda a interrumpir el robo descarado de sus colecciones. No faltará alguna que
enojada penetre entre las ropas para estampar el sello de una picadura en señal
de desaprobación. Los páneles de cera y miel son removidos sin pena ni gloria y
son llevados a los graneros donde ordeñan la miel para envasarla en depósitos
de vidrio, mientras la cera es calentada para formar tabletas amarillas, que se
expenden para muchas cosas.
Las
abejas continúan en su diario vivir, mientras mas campos descubren, mientras
mas distancias recorren, la variedad de flores es mayor y la variedad de mieles
es enorme, trabajando en equipo como si no hubiese descanso, hasta que la noche
se hace presente y obedientes regresan a su hogar, donde en el interior de las
colmenas pernoctan, donde los zánganos cuidan las salas cuna de las pupas, de
donde se perpetua la especie y dan origen a mas Reinas y nuevos grupos.
El
ciclo se repite en la mañana todo el mundo se prepara para reconstruir los
páneles, que fueron removidos, en su ardua labor la cera toma un papel
preponderante para construir los habitáculos donde la reina deposita sus huevos
y donde se elabora la transformación de las mieles que vienen de los jardines.
Los
sonidos de la guerra se dejan escuchar, los zánganos se dividen, las más trabajadoras
optan por no participar, hay una nueva reina que organiza su comunidad y están
dispuestos a emigrar. Asemejando una saeta se dirigen hacia el cielo y rondan
por los rincones en búsqueda de un nuevo lugar, para formar una colonia. Los
apicultores prestos a no dejarse sorprender, se dedican a hacer presa a la
nueva soberana para darle cobijo en una nueva caja de madera para hacerle su
palacio. Por arte de magia se resuelve el conflicto y los grupos se separan sin
causar disturbios en la antigua colmena.
Nuestra
amiga, la abeja muy de mañana se levanta y hace un recorrido por los jardines,
se ha levantado con la idea de que ella puede ser una Reina, se detiene frente
a las ramas de un árbol de durazno, muy condicionada y con el mejor deseo, se
dispone a procurar una candidatura para lograr el propósito. Se alza al vuelo y penetra hasta la
habitación de la soberana actual, sin apenas saludar se deposita con el deseo
de observar. Ella se encuentra recostada en un plumón, recostada y de piernas
cruzadas, con guantes de diferentes colores que le cubren la punta de sus
patas.
--- BZZZZZZZZZZZZZZ, BZZZZZZZZZ!!!,
haber que haces aquí…déjame dormir---
La
abeja, le hace una reverencia y sin decir palabra se acerca donde ella plácidamente,
se da una media vuelta, con toda la observación del caso, la ve de pies a
cabeza y calladamente se retira.
Entonces
piensa, es fácil ser una Reina, se consigue una faja la cual coloca en su
voluminoso abdomen, para verse mas delgada, se procura unos guantes rosados
para sus patas y se dispone promoverse como futura soberana. Detenida en la
rama del durazno, donde se aplaude y hace todo un discurso para arengar a sus
compañeras de trabajo y a los zánganos para que la sigan.
Las
nubes de sus compañeras se arremolinan donde ella se encuentra en su
proselitismo, dan varias vuelta, pero muy pocas se detienen para escucharla.
Después de sacudir la ramita, se da cuenta que el discurso no ha sido efectivo,
nadie le ha puesto atención y al contrario, han continuado con sus labores habituales.
Casi
con una actitud de fracaso se retira hasta la entrada de la colmena, donde se
topa con el zángano mas grande, mayordomo del lugar.
---Oye abejita --- le dice,
sosteniendo sus patas delanteras en la cintura --- sabes tu acaso porque no
puedes ser reina…?---
--- No lo se…!---
--- Es porque tú no tienes sangre
real.---
---OH…!---responde ---Con que no
tengo sangre real… que va!, que no tengo un bello cuerpo esbelto, talvez…!, que
no me la pasado toda mi vida de haragana o esperando que todos hagan el trabajo,
recostada en un plumón….
--- Creo que me has comprendido.---
--- Si creo que es como trabajar en
el gobierno.---comenta--- OK, de acuerdo para ser reina se necesita, No importa
la sangre que tengas y que seas UNA HUEVONA…, corrupta! ---levantando los
hombros, comenta, --- Prefiero seguir siendo una ABEJA UTIL Y TRABAJADORA.
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