miércoles, 22 de mayo de 2013

TEATRO DE LOS SUEÑOS



          Entre los paralelos de las nubes y en la magia de los sueños, me introduje en la fantasía de crear una aventura, de pensamientos nobles, de significantes actos y parodias de múltiples facetas que reflejaron en mis imágenes, hasta convertirse en una idea para el espejo de mi mente.
          Me encontré después de viajar en el tiempo, en un escenario mágico de colinas de verde florecer, de jardines estampados de colores, flores de múltiples aromas, que servían de frontispicio a un hermoso palacio de cuentos de hadas, que me invitaba a descubrir sus tesoros. El portón de tinte gótico y maderas oscuras, se aperturaba de par en par, para incursionar en sus entrañas, listo para darse a conocer todo un mundo nuevo de emociones.
          Las enormes cortinas de corinto y oro, que colgaban perezosas de lo alto de las columnas de roca calcárea, se recogían en su centro por lazos bordados de oro, que dejaban libre la entrada hacia el salón del interior, con monumentos de mármol, representando míticos personajes que formaban valla a lo largo de su estancia. Centenares de globos que flotaban en el ambiente, de fiesta, abriendo dentro de si una actividad de serpentinas y confeti.
          Fui arrastrado de la mano, por los espíritus del encanto, empujado por las musas de la creación hasta el foro de un teatro, donde en el alto de un podio un personaje vestido de etiqueta, de levita, de bombín, todo de blanco, agitaba su batuta y saludando se  agachaba, mientras cortésmente lanzaba etiquetas, agitándose daba señas con su mano, para hacerme llegar los pases para las funciones, espectáculos especiales pintado en las gárgolas de las salas del teatro. Su rostro, también pintado de blanco como un mimo, dibujaba una sonrisa de payaso, su estampa se desvanecía mientras con los movimientos esteriotipados, cambiaba de posición y se tornaba inmóvil en búsqueda de una fanfarrea.
          En las correderas del viento, aparecí entonces en un teatro al aire libre, donde un concierto era ejecutado,  rodeado de un sin número de asistentes que vitoreaban al principal, el héroe, el pianista que tableteaba muy hábilmente en teclado bicolor, mientras el instrumento levantaba la tapadera de su cola para soltar rítmicamente las notas vividas de la melodía. Los chelos y los violines volaban a su alrededor, mientras eran acariciados por sus arcos, que les producían cosquillas a las cuerdas, en los brazos de sus ejecutantes. Se hacían acompañar por las trompetas, las tubas y los cornos, que se resoplaban alegremente, respirando la armonía del concierto. Los percusionistas atentos a la señal del director, para en su momento justo hacer reventar batones sobre los tambores.
          Los asistentes todos de trajes elegantes, que se acompañan de señoras emperifolladas, de sombreros de plumas, que se ponían de pie y aplaudían discretamente al finalizar las overturas. Los otros desde sus plateas, espiaban a través de sus catalejos a los vecinos y los lejanos,  para ver mas de cerca las notas musicales, para que no se les escaparan los detalles de los movimientos de los curiosos asistentes.
          Las luces se alocaban en el recinto mientras se apuntaban desde el escenario, hasta el conglomerado de asistentes que brincaban frenéticamente, los mas atrevidos viajaban empujados sobre las cabezas de los participantes, para ser expulsados frente al escenario virtual. El estrepitoso concierto de música moderna. Donde el cantante vestido de cuero apretado se acaramelaba con un micrófono, mientras saltaba de grillo sobre la pasarela del escenario. El que se engolosinaba con los tambres, estampaba los palos entre los redoblantes y los platos, elevando a tal grado los decibeles que hacían eco del ritmo del público presente. El de la guitarra llevando la cara pintada de murciélago, que también le hace espalda al cantante,  un tercero que retoca arqueado, el bajo, saltando como marioneta encima de un cubo. Al finalizar, el nervio se descansa y se relaja la audiencia, mientras espera una nueva respuesta musical que le reviente el oído, para su deleite.
          En el nuevo escenario se comparten dentro de los brillantes integrantes de la sinfónica, deleitando juveniles de audiencia, las gradas de un gimnasio que se estresan con la presencia de muchachos adolescentes que se solazan de escuchar las canciones populares, volcadas magistralmente al estilo de una filarmónica POP. Brillante, el renacimiento de sonesitos como el “mishito”, o las especiales interpretaciones de las Guarachas, mas conocidas con el ritmo de 6X8.  El Ferrocarril de los Altos y la Doce calle, que levantan a cualquiera que sabe del buen bailar a sacudir la polilla y arrastrase por la pista en un desborde de emoción y felicidad.
          Un torbellino de suspiros me empuja hacia el siguiente paso, el brillante túnel que me lleva hacía las plateas del teatro. Múltiples carteles que estiran sus brazos para mostrar la entrada. Las comedias de la Rafaila, de interesante tema.   Pan para tu matate, Matate por un pan, la jocosidad hecha comedia. El sentirse vestido dentro de un personaje que tras una máscara expresa el pensamiento de otro. La respuesta de una carcajada o de un fuerte aplauso, como justo premio a la buena actuación.
          Vaya si no, hasta donde nos llevan los sueños. Beber del elíxir de la pasión, remontarse hasta las historias del pasado, las penumbras de los muertos y aparecidos, pesadillas del no alcanzar el resuello, caer en el fondo de un abismo o flotar como las nubes en el firmamento.
          Luego convencerte que el toque de una alarma que señala una hora, te conmueve el espíritu y te saca del idilio con el sueño, para volverte una vez mas a la realidad, al ruido de las calles, al grito del periodiquero, el bullicio de los transeúntes que en estampida deambulan en busca de sus labores cotidianas.
          Y ese fantástico olor a café chapín, percolado, que te despierta, te fortalece y te lleva al clímax de una mañana llena de éxitos.

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