Entre
los paralelos de las nubes y en la magia de los sueños, me introduje en la
fantasía de crear una aventura, de pensamientos nobles, de significantes actos
y parodias de múltiples facetas que reflejaron en mis imágenes, hasta convertirse
en una idea para el espejo de mi mente.
Me
encontré después de viajar en el tiempo, en un escenario mágico de colinas de
verde florecer, de jardines estampados de colores, flores de múltiples aromas,
que servían de frontispicio a un hermoso palacio de cuentos de hadas, que me
invitaba a descubrir sus tesoros. El portón de tinte gótico y maderas oscuras,
se aperturaba de par en par, para incursionar en sus entrañas, listo para darse
a conocer todo un mundo nuevo de emociones.
Las
enormes cortinas de corinto y oro, que colgaban perezosas de lo alto de las
columnas de roca calcárea, se recogían en su centro por lazos bordados de oro,
que dejaban libre la entrada hacia el salón del interior, con monumentos de
mármol, representando míticos personajes que formaban valla a lo largo de su
estancia. Centenares de globos que flotaban en el ambiente, de fiesta, abriendo
dentro de si una actividad de serpentinas y confeti.
Fui
arrastrado de la mano, por los espíritus del encanto, empujado por las musas de
la creación hasta el foro de un teatro, donde en el alto de un podio un personaje
vestido de etiqueta, de levita, de bombín, todo de blanco, agitaba su batuta y
saludando se agachaba, mientras cortésmente
lanzaba etiquetas, agitándose daba señas con su mano, para hacerme llegar los
pases para las funciones, espectáculos especiales pintado en las gárgolas de
las salas del teatro. Su rostro, también pintado de blanco como un mimo,
dibujaba una sonrisa de payaso, su estampa se desvanecía mientras con los movimientos
esteriotipados, cambiaba de posición y se tornaba inmóvil en búsqueda de una
fanfarrea.
En
las correderas del viento, aparecí entonces en un teatro al aire libre, donde
un concierto era ejecutado, rodeado de
un sin número de asistentes que vitoreaban al principal, el héroe, el pianista
que tableteaba muy hábilmente en teclado bicolor, mientras el instrumento
levantaba la tapadera de su cola para soltar rítmicamente las notas vividas de
la melodía. Los chelos y los violines volaban a su alrededor, mientras eran
acariciados por sus arcos, que les producían cosquillas a las cuerdas, en los
brazos de sus ejecutantes. Se hacían acompañar por las trompetas, las tubas y
los cornos, que se resoplaban alegremente, respirando la armonía del concierto.
Los percusionistas atentos a la señal del director, para en su momento justo
hacer reventar batones sobre los tambores.
Los
asistentes todos de trajes elegantes, que se acompañan de señoras
emperifolladas, de sombreros de plumas, que se ponían de pie y aplaudían
discretamente al finalizar las overturas. Los otros desde sus plateas, espiaban
a través de sus catalejos a los vecinos y los lejanos, para ver mas de cerca las notas musicales, para
que no se les escaparan los detalles de los movimientos de los curiosos
asistentes.
Las
luces se alocaban en el recinto mientras se apuntaban desde el escenario, hasta
el conglomerado de asistentes que brincaban frenéticamente, los mas atrevidos
viajaban empujados sobre las cabezas de los participantes, para ser expulsados
frente al escenario virtual. El estrepitoso concierto de música moderna. Donde
el cantante vestido de cuero apretado se acaramelaba con un micrófono, mientras
saltaba de grillo sobre la pasarela del escenario. El que se engolosinaba con
los tambres, estampaba los palos entre los redoblantes y los platos, elevando a
tal grado los decibeles que hacían eco del ritmo del público presente. El de la
guitarra llevando la cara pintada de murciélago, que también le hace espalda al
cantante, un tercero que retoca arqueado,
el bajo, saltando como marioneta encima de un cubo. Al finalizar, el nervio se
descansa y se relaja la audiencia, mientras espera una nueva respuesta musical que
le reviente el oído, para su deleite.
En
el nuevo escenario se comparten dentro de los brillantes integrantes de la
sinfónica, deleitando juveniles de audiencia, las gradas de un gimnasio que se
estresan con la presencia de muchachos adolescentes que se solazan de escuchar
las canciones populares, volcadas magistralmente al estilo de una filarmónica
POP. Brillante, el renacimiento de sonesitos como el “mishito”, o las
especiales interpretaciones de las Guarachas, mas conocidas con el ritmo de
6X8. El Ferrocarril de los Altos y la Doce calle, que levantan a
cualquiera que sabe del buen bailar a sacudir la polilla y arrastrase por la
pista en un desborde de emoción y felicidad.
Un
torbellino de suspiros me empuja hacia el siguiente paso, el brillante túnel
que me lleva hacía las plateas del teatro. Múltiples carteles que estiran sus
brazos para mostrar la entrada. Las comedias de la Rafaila, de interesante
tema. Pan para tu matate, Matate por un
pan, la jocosidad hecha comedia. El sentirse vestido dentro de un personaje que
tras una máscara expresa el pensamiento de otro. La respuesta de una carcajada
o de un fuerte aplauso, como justo premio a la buena actuación.
Vaya
si no, hasta donde nos llevan los sueños. Beber del elíxir de la pasión,
remontarse hasta las historias del pasado, las penumbras de los muertos y
aparecidos, pesadillas del no alcanzar el resuello, caer en el fondo de un
abismo o flotar como las nubes en el firmamento.
Luego
convencerte que el toque de una alarma que señala una hora, te conmueve el
espíritu y te saca del idilio con el sueño, para volverte una vez mas a la realidad,
al ruido de las calles, al grito del periodiquero, el bullicio de los
transeúntes que en estampida deambulan en busca de sus labores cotidianas.
Y
ese fantástico olor a café chapín, percolado, que te despierta, te fortalece y
te lleva al clímax de una mañana llena de éxitos.
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