---Si yo te contara, que a través
del tiempo fuiste una esperanza en el camino, bueno algo mas, estaría seguro,
no lleno de dudas y acongojado por lo que está sucediendo con tu vida.
---Me recuerdo cuando llegaste a nuestras
vidas, después de una noche de perros, deambulábamos en una solitaria playa del
pacífico, junto al resto de la familia, cuando con el reflejo de la luna llena,
divisamos un bulto, te encontramos recostada en un volcán de arena, abrazándote
las piernas, a punto de desfallecer.
---Apenas respondías a estímulos,
nada a las palabras de aliento que te brindábamos, juntos tratamos de
levantarte con el fin de auxiliarte. Tuve que cargarte en mis brazos, tu cabeza
desplomada caía de su peso, tu con la boca abierta, donde tus labios rajados por
la falta de líquido, se mostraban heridos y salpicados por las arenas que se
adherían hasta en los dientes por la falta de saliva.
---Junto a mi esposa e hijos, te
trasladamos hasta el campamento de primeros auxilios que se encontraba, cerca
del la carpa que habíamos levantado para pasar el fin de semana. Con todo
cuidado con una toalla mojada, limpiamos tu cara, que mostraba los estragos que
produce la exposición al sol de la costa, tus ojos estaban hundidos, resecos,
en el puesto trataron de reanimarte con las aguas milagrosas de rehidratación,
obligándote a que tragaras la poción.---
--- Como parte nuestra nos turnamos
por tiempo para darte al menos apoyo mientras recuperabas la conciencia, así poder no solo identificarte, sino buscar
a tu familia, el caso es que estabas delicada de salud y la enfermera nos había
alertado de la posibilidad de una fatalidad. Orábamos al buen Dios por tu
recuperación.---
---El día subsiguiente fue de mayor
esperanza, te quejabas, los alientos y la posibilidad de recuperarte parecía
posible. Ya no estabas inerte, sin movimiento, estirabas los dedos flacos de
tus manos, como los primeros signos de mejoría.---
---Con la esperanza iniciamos las
averiguaciones necesarias de tu paradero, pero la totalidad de las familias que
habían vacacionado en la Playa
había emigrado a su lugar de origen, por lo tanto tu estabas como te
encontramos. Sola…!. El cuarto de enfermería que se había convertido en parte
de nuestra vivienda, estaba a punto de cerrar sus puertas en el transcurso de
ese día, por lo tanto había que hacer algo para resolver, el problema tuyo y
nuestro, como responsables de que estuvieses viva.---
--- Ya de regreso a casa, insistimos
con mi esposa de reportar tu caso por lo que en la gendarmería del pueblito,
detuvimos nuestro auto, para informar del hecho y además de ver quien se hacía
cargo de tus huesos. Ya estabas mejor, sin embargo cuando hablabas, las
palabras se perdían en tu boca y el silencio era parte de tu personalidad.---
---Para que te cuento la policía no
quiso hacerse cargo, durante la entrevista con el sargento, te vi agitada y
tratando de esconderte, total tuvimos que continuar el viaje, sopesando el
riesgo, el peligro de ser acusados de haberte secuestrado.
--- En el trayecto de regreso, mis
hijos compartieron algunos alimentos contigo y tu muy cariñosamente te
acomodaste en los brazos de mi esposa, donde dormiste la mayor parte del viaje,
con apenas un short y una camiseta sin mangas, manifestaste frío, por lo que te
proporcioné una de las toallas para cubrirte. Esa fue la primera vez que
logramos escuchar un gracias de tu boca.
--- Seguimos con el dilema de que
hacer contigo, con la secuencia de los acontecimientos, que nos había obligado
a tomar el riesgo de llevarte a nuestra casa, lejos de tu terruño o del lugar de
donde habías llegado del balneario en la costa, sin saber de tu familia.
Iniciamos las investigaciones necesarias, sobre tu paradero o bien para poderte
proteger, hicimos entonces consultas por aquí, preguntas por allá, la lectura
de la prensa de diario y las informaciones de los noticieros, rodearon nuestro
que hacer en las siguientes semanas.
---Los hijos reincorporados a sus
estudios, mi mujer en casa dándote lo necesario para que estuvieras cómoda y yo
que asistía a mis labores diarias, siempre con la armonía de este rollo a que
nos habíamos metido.---
--- La alegría en casa, se había
quizás, complementado con una mujercita, acompañando a mi esposa y con la ayuda
que le brindabas aun a tu corta edad. A tus cinco años habías pasado de una
situación especial a la seguridad de un hogar, pero te sentía bien, adaptada y
con deseos de salir adelante.---
---Los chicos compartían sus juegos
y la televisión contigo, siempre preguntaban como andaba la nena, como que ya
eras parte del hogar. Felicidad cuando se te daba un estreno de ropa, además en
medio de tus pocas palabras habías comunicado que tu nombre era Asunción, a
secas y sin apellido, no se si porque no te recordabas o porque era secundario
para tu diario vivir.---
--- Así fue, cuando llegó el día
junto a los patojos, asististe a tu primer día de clases, en la escuelita de la
colonia. No hubo quien se preguntara de donde habías salido o que pato puso ese
huevo, pero en verdad no nos importaba, llevabas en esa ocasión tu faldita de
cuadros, ruedo debajo de la rodilla, tus calcetas blancas y el estreno de
zapatitos de charol negro, como rezaba el uniforme, con una nítida blusa
blanca. Linda, limpiecita y con tus cabellos café alisados.---
--- El mayor de mis niños te llevaba
de la manita y te entregaba en la puerta de la clase, donde al cabo del tiempo
ya te habías vuelto popular y aceptada por tus compañeros. Bien me acuerdo la
vez que corriendo en el patio del establecimiento te caíste, produciéndote una
herida en la pierna, que ameritó que te lleváramos al hospital. Tremendo susto
provocaste, pero como te digo, que niño o niña no le pasan esas cosas.---
---Fue de mucha alegría para la
familia cuando un mes de Octubre, asistimos al salón de la escuela, cuando te
entregaron tu diploma de sexto grado, tú en un acto de humildad y cariño se lo
diste a mi esposa frente a todos los asistentes, mostrando cuanto nos amabas.
Alegres cosas que pasaban como cuando continuaste estudios en la secundaria. El
Instituto que te dio la suficiente madurez y te envolvió en los cambios de la
adolescencia. Te vimos cambiar de niña a joven, con el cuidado y a veces celos
de los hermanos mayores, ya que siempre te consideramos así.---
--- Con todo nerviosismo, junto a mi
esposa asistimos al salón de actos del bachillerato, donde te entregaron tu
hermoso diploma de Perito Contador, eras ya, toda una señorita y muy bella. No lo
debería decir pero te parecías a la que fungía como tu madre.---
---Tonteras que se le ocurren a uno---
---De verdad me sentía como un padre
orgulloso que te ve ingresar a la Universidad de San Carlos. Facultad de Ciencias
Químicas y Farmacia, verdad?.---
--- Tus dos hermanos, se fueron de
la casa, propiamente casados y con sus respectivos trabajos y profesión, apenas
les quedaba tiempo para visitar a este viejo, en ocasiones daban una llamada por
teléfono para alegrarle el día a la Vieja.
Tú en cambio aunque ya vivías tu vida estabas pendientes de
frecuentarnos o pasar los fines de semana enteros compartiendo con nosotros,
sobre todo ahora que yo me encontraba en cama sufriendo de los achaques de la
vejez. Siempre cariñosa, me recuerdo que desde muy pequeña me rascabas la
cabeza, digo la calva, pues había perdido hasta el último pelo. Mi fastidiabas
agradablemente, cuando me decías que parecía bola de billar y te reías a
carcajadas de las ocurrencias que platicábamos, nos entreteníamos como buenos
cuates.---
--- Bien ahora debía meditar, quien
quita el último esfuerzo, aunque en verdad no deseaba hacerlo, pero era tu
deseo y tu vida. Había recibido de ti muchas cosas buenas, éxitos, triunfos,
pero creo te había llegado la hora, te ibas de mi lado y no para siempre pero
ya no estarías bajo mi techo. Tu madre estaba desecha en llanto y como para que
no, se le iba su brazo derecho, su muñeca de cristal. Mañana voy a caer muerte,
te tengo que entregar a alguien mas, devolverte al destino, quizás no en las mismas circunstancias de la vida,
como llegaste en una noche de plenilunio en el pasado, a un altar para
compartir con el hombre que amabas---
---Pasó el momento, supe de tus
problemas a través de tu madre, de tu renuencia a permitir que te mangoneara, a
quien tu entregaste tu vida y confiaste,
que mala pata, caras vemos, corazones no sabemos. Pero bien por ti, tuviste los
arrestos de dejarlo. Tú contabas siempre con estos viejos, ya en el final de la
vida, diríamos en las últimas, pero te abrimos las puertas nuevamente, tu
consuelo y el de tu hijo están aquí. Como quisiera levantarme de esta cama y
reclamarle en su cara a ese fulano que no supo apreciar tu valor, tu entereza y
amor. Ese poco hombre que te hizo sufrir, aprovechándose de tu nobleza. Sabes
pensaba quizás nunca debiste dejar la casa, pues desde que viniste a ella,
aquella noche en la playa años atrás, fue un paraíso de felicidad, para todos.---