martes, 12 de marzo de 2013

CLARINERO

         Saltando de rama en rama, el clarinero, se engorda esponjando su plumaje, mientras su voz en forma de graznido se lanza hasta el infinito, estira su pata cuando sacude su hermoso pico, limpia sus negras plumas y extiende su cola, mostrando su señorío de rey, convocando a su parvada de sanates a la comilona de gusanitos.
          En piruetas por el aire se traslada desde el árbol a la llanura, columpios estéticos circulando en el espacio, luego ágil corretea a las hembras en los campos verdes, sembrados de flores, coqueteando en brincos, mientras se llega la hora de regresar a las altas copas de los encinos que resguardan los elaborados nidos, algunos ya con polluelos y otros con 3 huevos pintos de negro, que reposan a la espera de su tiempo para reventar.
          Papá clarinero, siempre celoso de su parentela, vigila desde lo alto, el estado de su nido. Convoca junto a los vespertinos  rayos del sol, el regreso de la mama sanate, quien anda de paseo en recolección de bichos para el alimento de las crías aún desplumadas, el suave pellejo de pálido negro los señala cuando sacan su cuello y abren su pico para lograr la comida.
          Pequeños ocultos tras las plumas color café, esconden su cabeza bajo el ala, en contacto del calor materno, el abrigo del horario nocturno, dentro de su habitáculo, protegido por la altura y el espeso follaje de las ramas.
          Tras un silencio prolongado, la matinal aparición de la luminosidad, corresponde al frío clima que baja de las montañas, les obliga a los pájaros a acurrucarse en sus ramitas, a esperar el cálido brillo solar, que asciende entre las blancas nubes del firmamento.
          Los machos son los primeros en alzar el vuelo y en buscar los charcos  dejando los mantos de rocío en las cunetas de los caminos y en las piletas en los caseríos, con un escaso chorrito, rebalsan la concha en forma de palanganas de piedra donde se surten los cántaros comunales. Es el simpático baño de las aves salpicando en derredor, después de encorvarse y meter sus alas para remover el líquido.
          Previo al desayuno el clarinero se instala encima de los tejados y sacando el pecho, carraspea y dirige su mirada hacia al cielo, quien quita es para agradecer al gran Dios, por el advenimiento del nuevo día y todas la bendiciones que se traducen en la armonía y la felicidad de la sabia naturaleza.
          Las últimas en salir son las sanates, quien después de recomendar a sus vecinas que aun empollan, echarle un ojo a los chiquitines, quienes aun no saben volar  o permanecen en larga siesta en sus habitaciones cubiertas de plumas. Los mas grandecitos ya se animan a saltar fuera del nido y colocarse peligrosamente en las ramas pequeñas que les rodean, de donde observan como los adultos se adornan en piruetas y se encuentran en los aires, para picarse en besuqueo coloquial, en la búsqueda de pareja.
          Las amarillas chorchas se acercan en curiosa visita y hacen de su charla, de silbidos lo fascinante concertina de la copa de los árboles, una nerviosa ardilla se agarra del tronco y lo transita de arriba para abajo, cargando una semilla para introducirla en el agujero que le sirve de casa con sus crías.
          Papa clarinero no pierde de vista y grazna, cuando por encima de su cabeza y en peligrosa caída libre, un halcón se desplaza con el ímpetu de cazar algún descuidado animalito, esté por falta de atención, imagina la belleza y la hermosa mañana como el escenario de una primavera límpida. El grito avisa y todos se esconden para evitar la tragedia. El Halcón pasa en vuelo bajo, sin tener suerte de capturar su presa.
          Al final de la tarde, las aves se adornan y se reúnen junto al brillante rey clarinero, quien con sus oraciones a Dios, apunta con su pico al infinito, implorando al creador por la gracia de un día mas, el conclave le secunda con la concertina tradicional en el teatro de la naturaleza, previo a cerrar el escenario por la entrada de la noche veraniega.  


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