En el fondo de un bosque milenario, de grandes
árboles y parajes de ensueño, justo en el corazón de la montaña de una sabana,
se paseaba con señorío una familia de felinos. Mamá Tigre, junto a un cachorro a
quien llaman Tino, merodean tranquilamente en
los linderos de un riachuelo, el agua brotaba dentro de las rocas y
mostraba con singular belleza las caídas que se deslizaban pausadamente, hasta
alcanzar los rápidos, que formaban las eternas cuevas del nacimiento del caudal
de agua fresca.
En
ese tranquilo paraíso vivían pacíficamente junto a muchos animales, además de
compartir albergue, alimentación se ayudaban para poder sobrevivir. Campos
verdes como alfombras de flores les convertían en parajes de ensueño, donde la
naturaleza los protegía.
Una
vez ocultos los rayos de sol, cuando las nubes de mosquitos se alborotaban
junto a los charcos y su bulla se extendía por los campos, todos los habitantes
buscaban su mejor escondrijo con el fin de reposar, después de un día de
acalorado jugueteo.
Los
extraños ruidos de los filazos de los machetes y el murmullo de las zancadas de
los depredadores, alertaron a los pequeños animales que aún permanecían en las
ramas de los árboles en su vespertina caminata rumbo a sus agujeros. Las
chicharras socarronas y bulliciosas, se dejaban en silencio, mientras en la
campiña se daba el ambiente de temeroso suspenso, se hacía mas tenso al
escuchar a la columna de cazadores penetrando por las veredas. Las luces de las
lámparas señalaban en todas direcciones, con el fin de descubrir las pupilas
dilatadas de alguno de los vecinos, corriendo despavoridos a buscar refugio...
El
inocente Tino, lleno de curiosidad se aleja lentamente por el paso de la abertura
de la cueva y sin medir peligro se dirige a paso ligero hacia donde se escuchan
los ruidos de los invasores. Su madre se da cuenta y sale en su rescate,
arrastrándose sobre los areneros que apuntan a la vereda de la entrada pierde
el tino y se descuida, su presencia es descubierta por los depredadores, quienes
después de colocar una luz sobre su cabeza, la acompañan con un trueno de fuego
puntual haciendo de ella una víctima fatal de la cacería.
Tímido
el cachorro se escurre entre las hojas, hasta el escondite, después de ver que
su mama, es cargada en un tronco, llevada en hombros amarrada de las patas y
convirtiéndose en un desfile, de cantos de triunfalismo de los visitantes,
camino hacia la sierra. El solar se convierte en un silencio de muerte,
mientras los ojos de los habitantes no dan crédito a la tragedia. Nadie mueve
un músculo, hasta que las lechuzas anuncian la desaparición de los cazadores,
junto a su presa.
La
nerviosa ardilla se acerca a la cueva, donde tras unas hojas permanece
escondido el cachorro, hecho un manojo de nervios y cubierto de la soledad,
añorando el abrigo y el tierno calor que le brindaba sus madre.
Han
pasado varios días y el temor se ha vuelto parte del luto, la ardilla es la
única que permanece ocasionalmente junto al cachorro, que desfallece por hambre
y por sed, aturdido, sin saber que hacer, mientras algunos de sus vecinos, se
asoman tras las hojas de los matochos, curioseando el estado del
felino huérfano.
Presta
la ardilla le sacude su cola en el hocico, para insistirle de que es necesario
comer algo, pero Tino, está cada vez mas debilitado, casi no responde. Los
cenzontles le acarrean agua, vertiéndole sobre sus filosos dientes, pero él no
come. Preocupados entonces el amigo Mash, el saraguate, colgando de la cola y
haciendo un columpio desde una rama le lanza un plátano, que revienta frente a
su cara, luego se sienta junto a la ardilla pensativamente con una pata en su
quijada, da tres pasitos hacia delante, chilla y con la delicadeza que da el
miedo, le toma las fauces y se las abre, la ardilla ni lenta ni perezosa toma
un trozo de la carnaza del plátano y se la introduce, junto al mono le cierran
la boca y le obligan a que se trague el bocado.
Ya
ha tenido alguna respuesta, el enfermo ya colabora con tragarse, las frutitas,
las hojas, en general los restos de alimentos que le llevan sus amigos del
bosque, ha iniciado perezosamente sus caminatas hasta el brocal del riachuelo a
consumir líquido, pero retorna apesadumbrado, por los recuerdos le vienen de su
tragedia.
Las
lunas han pasado, a pesar de convertirse en un felino no consume carne, se
mantiene mas tiempo dentro de su cueva donde a la sombra de su timidez se
encierra muy acomodado.
Los
cambios han sucedido y aunque sus vecinos siempre le surten de alimentos, Tino,
permanece pasivo, la ardilla celosa y preocupada se le asoma a las puertas, sin
atreverse a entrar, debido a los ronquidos que emite, cuando reposa. Con
sigilosos pasos, tomando toda clase de precauciones hace su ingreso, para
hacerle la invitación a su amigo, en medio de la oscuridad del interior,
percibe su resoplado aliento, no mira, adelantando una de sus patas delanteras,
le toca la nariz y le toma uno de los pelos del bigote, lo jala. En ese
instante.
--- Grrrrr, Grrrrr,.--- con gran
volumen, el rugido hace que lo suelte y expulsada salga rodando y encendida en
pánico.
Se
detiene junto a la puerta, donde se asoma un tigre de gran tamaño ya no adolescente,
se le acerca y le pone el hocico encima, lo husmea.
---Pensaste que siempre sería un
cachorrito. Verdad?.--- le ronronea, mientras la ardilla temblando de pies a
cabeza, se desploma en el suelo.
Acto
seguido abre sus ojos y con toda la delicadeza del caso, le acaricia la nariz,
se levanta y pone pies en polvorosa. Se detiene
da media vuelta, colocando sus patas delanteras en la cintura y le
vocifera:
--- Ahora de grandote, se me hace
que me miras como bocado para tu cena!.---
El
felino lo encara, baja su cabeza, se echa junto a él y le pasa un lengüetazo
que lo llena de saliva. Y mientras le guiña el ojo le indica:
--- No sería mala ideas conocer si
el sabor de ardilla es mejor que las bellotas que me traes… grrr, grrr, ---
--- Ahhh!...., con que ahora
desprecias mis semillas, estas en algún momento te salvaron la vida.--- Me
puedes quitar esa patota de encima de la cola, sabes es un cariño muy
pesado.---
--- Perdona, olvide que ya no soy
pequeño… pero en fin de cualquier tamaño siempre te voy a ver como mi mamá.---
--- Hum…!, con respeto.--- se sale
de debajo de la garra y de una carrera se encarama a la rama de un árbol. ---
sería fantástico que tu ahora me protegieras y me dieras de comer…!---
Recostado
en un tronco se soba contra su cuerpo para rascarse, se despereza y muestra las
uñas largas de sus garras. Mientras las parvadas de patos, lo observan en su
siesta, mientras se arremolinan en el cielo, en busca de las lagunetas, para
pasar el rato y darse un merecido chapuzón.
La
ardilla se detiene frente a el y como toda una madre vocifera.
---Tinoooooo! Levántate es hora de
conseguir la comida…! ---
--- Si Mamá……, ya voy.--- con lo
cadencioso del haragán se pone en sus cuatro patas, se mueve despacio,
alargando su cola de un lado a otro, la pasa arrastrando, donde se encuentra la
ardilla y la tumba.
--- Porqué tendría yo un hijo tigre tan
grande…!--- se sostiene la cabeza, con las patas, la mueve de derecha a
izquierda, en señal de desaprobación. Pero sonríe de complacencia y orgullo.
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