lunes, 17 de junio de 2013

DULCE DE CHANCACA



          El niño regordete, de cachetes colorados, se hace acompañar de manos de su madre. Luce una gorra de múltiples colores que revelan con una letra, su afición al deporte del beis bol, su pantalón corto de gabacha que deja ver sus canillas blancas terminando en zapatitos amarrados, cuyas plantillas se encuentran en algún grado despegadas, enseñando los calcetines como ventanas de donde salen al aire las sucias uñas de sus pies. En la bolsa del lado derecho, algo le abulta, además de un cáñamo le sobresale de la orilla, es su juguete favorito, es un trompo, un trompo de madera, que lo lleva a todos lados.
          Salieron de la iglesia y mientras su madre le entra a la comidilla de chisme con el resto de las rezadoras,  él prepara su artefacto, poniendo el índice de su mano izquierda en la punta metálica, con  la derecha lo envuelve con la pita que con un nudo en la punta se sirve de punto de apoyo, hasta llegarla al copete. Lo lanza por los aires haciéndole girar cuando aterriza en el suelo, corre entonces y con su habilidad de manos, lo recorre por la palma, cuando balanceando el trompo lo dirige a golpear una corcholata que le sirve de blanco.
          Reconstruye todo el acto una vez mas y así se entretiene en el atrio de la iglesia, se acerca a la mama, halándole el delantal de cuadritos azules.
--- Mamá…. Dame un centavo.--- le insiste unas tres veces, antes de que le pongan atención.
--- No tengo.---sin dejar el hilo de la charla con la comadre --- patojo deja de interrumpir---
--- Mamá… dame un centavo, dame un centavo. ---redunda la cantaleta, entreteniendo su vista en volver a armar el trompo y lanzarlo como un intermedio.
Recoge su juguete y se acerca nuevamente.
---Mamá… dame un centavo.--- se empina y procura registrarle la bolsa en busca de una moneda.
Zas! Sopapo, saca su manita y se sienta en el suelo, haciendo pucheros y mostrando una lágrima en su mejilla.
--- Yo solo quiero un centavo…. Buuuuu, un centavo.---
          Con el dorso de la mano limpia las candelas de mocos que salen de su nariz por efecto del llanto y luego lo escurre en los laterales del pantalón.
          Pronto olvida el berrinche, se pone de pie. Mientras le hala esta vez el vestido, le insiste a la desinteresada madre que no deja platicar.
--- ¡MAMA!...---grita esta vez, pensando que el aumento del tono le servirá para captar su atención.
--- Ya te oí y un centavo no tengo… entendé---
--- Ya no, ahora quiero hacer pipis.---
---Hay patojo, todo se te ocurre, para interrumpirme.---
          Le desabotona la gabacha del pantalón y lo manda a la acera de al lado a que haga su necesidad, sin perder de vista a al señora que le cuenta el último chime de la cuadra.
---Yaaaa! --- grita el chamaco.
---Súbase la ropa y viene hasta aquí, para que le abotone los tirantes… ¡hay muchachito tan fastidioso!--- se dice a si misma.
          Al fin alguna de las dos parlantes, se desespera, la charla se detiene, se despiden afectuosamente y la comadre agarra viaje para su casa. La madre se encuclilla y le compone la camisa que se le sale de los lados del pantalón.
--- Anda a jugar por allí, mientras platico con doña Pita.---
          Se engancha con la señora en una nueva charla, que la lleva hasta las cercanías del zaguán de la parroquia, donde está la venta de dulces.
--- Ya supo de la fulana anda de novia de….
--- Cállese chula así dicen.--- y continúan a  media voz secreteándose los sucesos.
          El chico ya en fase de aburrimiento, enrolla su hilo y junto a su trompo lo mete entre su bolsillo, se da una vueltecitas alrededor de donde recosen los churros, las grandes ollas donde hierve el aceite, donde hábilmente lanzan las tajadas de plátano verde, para tostar la plataninas. Así de lejitos el chico se saborea, pero no se anima a decirle a la madre, por temor a que le digan que no. Pasa cerca de nuevo, con su manita rascando la manta plástica de la dulcería.
--- Mamá….---
--- Y ahora que te pasa…--- dirigiéndose a su interlocutora--- hay perdóneme Doña Pita, es que este patojo tan mal educado.—
--- Mamá, ya tengo hambre, monos a la casa.---
---Ya vamos, tranquilo, solo atiendo un momentito a la señora.---
          Como una manera de insistencia se les acerca y se detiene frente a las dos señoras, levanta la vista y se queda mirando a su madre.
--- Ya voy.--- le dice ella.
          Al fin logra romper la charla, su madre no muy de buena gana se despide, lo toma de uno de sus brazos y casi jalado lo conduce atravesando la calle, en el otro lado de la banqueta el niño se suelta, mete su mano en el bolsillo y empieza a degustar algo.
--- Y vos que estas comiendo?---
--- Un Dulce de Chancaca, no querés un pedacito.---
--- Y de donde lo conseguiste?---
--- Yo te dije que tenía hambre, no me hiciste caso, entonces me lo robé de la venta de dulces…, mientras tu platicabas con las señoras --- con aquella candidez de la inocencia del niño
--- Hay patojo… vámonos, corre, no vaya ser que se den cuenta y me lo cobren, me hacés unas…!



     

ANGELES



          Me fui al cielo en compañía de un ángel, después de un trágico incidente de salud, caminé junto a él por todas las impresionantes nubes en búsqueda de un paraíso de final feliz, sin embargo no tuve la suerte de encontrarlo. Desperté de pronto en mi iniciativa, que  me hizo regresar, a vivir quizás lo que me faltaba  para cumplir con mis expectativas de mi entorno y la promesas de mi familia.
          Recortaba pétalos en mi memoria, luego de pintar sueños en los paisajes inolvidables, peinaba con mi pincel, las olas y la espuma del mar cuando recogía tesoros. De fantasías y narrativas, fui llenando mi alforja que cantaba mi interminable imaginación, cuando detrás de una pluma marcaba en blanco y negro las ideas, de fábulas y leyendas, reflejadas en historietas para toda clase de lectores. Vida, consuelo, gracia en los escritos se llenaban de sabor y de picante sabiduría, hasta contemplar la raíz de mis adentros.
          Sentado frente a este cúmulo de escritos de frondosos bosques y personajes ficticios, sentí a alguien que se acercó a mis espaldas, luego de acariciarme con sus hábiles manos me sembró ternura en los pensamientos, lejos de sentir miedo, se enredando con sus dedos en el mechón de mis canas. Agradable sensación que  reconfortó mi espíritu y mi cerebro envejecido.
          Encontré entonces, que era un ángel el que me acariciaba las penas de mi vida aplicando pacientemente el balsámico para adormecer mis pecados. El susurro de mis versos y  los anhelos, que quizás no había cumplido con las expectativas propuestas.
          Volví al laberinto de mis deseos, para descubrir el ángel de mi compañía, que cuando las alegrías de mis ojos se postraban ante las enfermedades, allí estaba, lo presentía, siempre entusiasta y con el ánimo que me impulsaba a seguir de frente. No lo veía y eran grandes mis deseos de sentirlo, palparlo, para devolverle en caricias las acciones que producía en mi, que me levantara el espíritu.
          Muchas veces acostado en mi lecho, sentía cuando el ángel se  sentaba a mis pies, un tenue y cálido suspiro me envolvía para darme la paz y quietud de un dormir sereno y lleno de calidad. Allí estaba cuidando de mis achaques y cuando la fiebre me hacía titiritar, sus blancas manos estaban prestas a sacudir de mi cabeza las sensaciones y las pesadillas desagradables de mis sueños.
          Hoy he descargado mis influencias en búsqueda de cómo describir con mis letras, su fisonomía, su etéreo espíritu, mágica presencia de un ser que sin pedir nada a cambio, evocaba, produciendo manantiales de sabiduría, que las trasformaba paso a paso en cantos de aves, en música que me hacía revivir.
          Estampado en álbum de los recuerdos, he encontrado que cada éxito y buena obra que se ha llevaba a cabo,  había estado presente, como guardián que todo lo ve. Disfrutando a mi lado del recoger de las cosechas, de las noches eternas de hospital, de las fiestas infantiles de los mas pequeños.
          Meditando en las noches de insomnio, del estrés de los conflictos, acudiendo con las oraciones a su consejo, cuantas veces mitigando a través de un soplo, de una idea de cómo resolver una discordia.
          Vertientes de bondad, fueron mostradas en mi camino, de un futuro de humildad y de templanza. Ofrecí mi corazón en el cáliz de la vida, para recibir el perdón de mis ofensas.
          Mis palabras surcaron al firmamento y entonces, Dios Todopoderoso, rasgo los cielos, en una aparición reluciente y maravillosa, acomodado entre los cúmulos de algodón, sentenció con estas palabras en medio de vibrantes, parábolas.

--- “Deberás de profesar mansedumbre, las ansias debes reprimir hasta cuando llegue el momento de tu final, YO te lo haré saber con los emisarios del Cielo. Mientras tanto tienes que cumplir con tu misión encomendada.”---

          El espacio del paraíso, se lleno de mansedumbre, la paz regocijó mi corazón y hasta entonces comprendí cual era la misión pendiente. Si el ángel de mi vida, era el ángel de mi pareja, a quien debía de respetar, proteger y amar, por siempre. Amen.

 

martes, 11 de junio de 2013

LA MUÑECA DE TRAPO



          Carmelina se llama, es una linda muñeca de trapo, por supuesto engalanada con un vestido rojo salpicado de bolitas blancas, de sus hombreras abombadas surgen sus brazos que en su extremo simulan dedos adornados de pintas de colores.        Las trenzas de madeja de algodón dorado, saliendo de su cabeza, se amarran en las puntas con listones que hacen juego con su vestido, sus ojos también pintados sobre lo que es la almohadilla de su cara, con sendas pestañas que resaltan su tamaño, el crayón que dibuja sus labios, se desplaza desde una mejilla hasta la otra, mostrando una amplia sonrisa.
          Las piernas de canuto, le cuelgan hasta las zapatitas negras de tela, de simpática coquetería, que se asoman desde la falda plisada, extendida en paletones como abanico, lleno de fustanes blancos.
          Hoy amaneció acomodada sobre la almohada de su dueña, una niña muy simpática llamada Iris, con quien jugar de mama e hija, por largos ratos, la deja distraída sobre su cama, mientras ella asiste a las clases de su escuela.
          Cuando será el día que ella me lleve donde estudia, me gustaría acompañarla, me gustaría conocer a todos sus amigos, a lo mejor les gusto y me invitan a jugar en los recreos, puedo hacer muchas gracias, sonrío a las chicas que me hacen cariño y me arrullan.
          Aquí donde me dejan no tengo amistades, ni juguetes que me acompañen, pasándome solita largas horas del día. Ha veces quien se viene a recostarse en la cama es el señor gato, pero él no me gusta en lugar de caricias, me lastima, me araña y a veces me saca los hilos de mi vestido. Hay no, hasta pulgas tiene.
          Espero con ansias que Iris venga, ella me saca a pasear, me chinean en sus brazos y me sienta junto a ella cuando se toma un vaso de leche, yo tengo mi propio pocillo y cortésmente simula que me da de beber, hasta me mancha mi cara con el liquido blanco cuando me pone la champurrada sopeada sobre mis pintados labios. Bien que lo disfruto, toma luego una servilleta y me limpia los bigotes, ja ja, me hace cosquillas en el botón de mi nariz. Luego me hace acompañarla al baño, donde me muestra como ella se lava los dientecitos, como yo no tengo ni cepillo solo la observo.
          Muy alegremente me lleva hasta la banqueta de la casa, donde me acomoda en la orilla de la puerta, mientras ella con una pelotita juega de Yax con 5 piedrecitas. Me toma de un brazo, sacudiéndome me traslada hasta donde se encuentran otras niñas, con quienes arman sus juegos de saltar cuerda y avión, lanzando un tejo. Vaya ya perdí su atención, ahora ella se interesa en sus amigas y yo que?, me quedo en la puerta o me van a dejar tirada en su cuarto o sobre la cama.
          Después de sus juegos, se le ocurre que yo estoy sucia, me lleva a la pila y me sumerge en el agua, con un jabón de bola me restriega de pies a cabeza, con vestido y todo, un baño donde todo mi cuerpo se llena de líquido, lo que sigue es lo que no me agrada, la secada donde me retuerce la cabeza y el resto del cuerpo, luego las trenzas, donde después de eliminarme el listón, me las amarra en el lazo para que me escurra y me seque. Siento que me voy a pasar buenas horas en este lugar, sino es que se le olvida y me deja pasar la tarde y la noche aquí colgada.
          Ya va entrando la noche y continúo guindada de la pita, la madre llegó para rescatarme, pero después de apretarme por todos lados, decidió dejarme allí mismo, porque aun estaba húmeda. Ahora ya es de noche, todo el mundo se fue a descansar, colgada de mis trenzas no me queda otra que aguatar, tengo oportunidad de observar la belleza de la luna tierna que se asoma por encima del tejado.
          El sereno a lo mejor me enferma, me arrugará el vestido y a lo mejor me destiñe el pelo, pero espero que el viento me termine de secar mis ropas. La niña, no me vino a ver, ni se asomó para santiguarme como hace todas las noches al irse a dormir.
          Buenos días señor sol, que con sus calientes rayos me sacuden la fría humedad de mi cuerpo, vaya, se recordó de mi, es Iris, quien con poca delicadeza me desamarra de las greñas, que desastre me quedaron desordenadas, quizás es tiempo que me peinen o al menos que me rehagan las trenzas, ya se voy a tener que ir a para sobre el cajón donde ponen la ropa recién lavada mientras me planchan mis fustanes y vestido.
          Pasé un par de días olvidada en la caja, la señora me toma de la cabeza y me desabotona para quitarme el vestido, luego de dejarme embrocada sobre una punta del planchador, le da unos pasones,  desarrugando mis fustanes y mi lindo vestido de bolitas. Como de moda pero no de estreno, me veo vestida coquetamente y con algunos arreglos en mi cabellera soy dejada en mi lugar de siempre, sobre la almohada de la cama, estoy toda olorosa, fragancia de jabón de tocador, me colocaron los listones en mi dorada cabellera. Estoy lista para esperar a mi dueña, cuando vuelva de la escuela, vamos iniciar de nuevo los juegos.
          El tiempo transcurre y ya Iris a crecido, ya no juega conmigo, abandonada me ignora y no me saca a pasear, no se si es porque se me han reventado algunos hilos de mi cuerpo y empiezo a mostrar los pedazos de algodón de mi pancita, en algún lado dejó perdidas las cintas de mis cabellos. Será porque ha dejado de ser niña, los repasos, la música de moda a través de la radio la vuelven loca, sus amigos la acaparan, saben es una chica muy linda, con sus grandes ojos azules, su hermosa cabellera dorada, que pinta ya de señorita. Este será el final de mi vida en su compañía, no mas salir de paseo, ni compartir muchas cosas, me tiene exilada sobre el ropero de su cuarto.
          Menos mal que yo no paso de moda, quizás con unos retoques, costura de mis agujeros, arreglo de las madejas de mis trenzas o lo mejor me pongan otro vestidito, vuelvo a  estar vigente. Efectivamente Iris es un verdadero amor, a escalado hasta aquí, en el tapanco, me ha dado unas sopapeadas para limpiarme el polvo que me ennegrece, me acaricia y con todo cariño me pone en manos de una niña chiquitita, quien será la que me cuide y acompañe de hoy en delante. Antes de que me lleven ella se despide de mí con un abrazo y un beso y me dice.
--- Te extrañaré, Carmelina, mi muñeca de trapo.---  
   

sábado, 8 de junio de 2013

EL VENDEDOR DE SUEÑOS



          La calle está bulliciosa, más que de costumbre, alborotada de transeúntes que circulan en ambos sentidos por la acera. Sobre la banqueta, los que se detienen con el chiclero a comprar una golosina o un cigarro se ven empujados por los que se desplazan a toda prisa por ir tarde al trabajo, otros mas precavidos, esperan la señal del semáforo para cruzar al otro lado de la calle
          El día ha permanecido sobrecargado, los mundos de gente que se aglomeran en colas que sobresalen en las paradas de las camionetas, donde los que van y los que vienen hacen un repaso en su tránsito a lo largo de los viajes del día. Los gritos de los brochas se dejan sentir mientras atiborran de pasaje a los llamados tomates, que con cientos de pasajeros algunos colgando de puertas y ventanas circulan temerariamente por las avenidas, del centro de la ciudad. Son casi las cinco de la tarde, el don,  el que vende los números de lotería cierra su negocio, la caseta que utiliza, la deja recomendada con la señora de la tienda, se retira y junto a su bastón se dispongo a viajar en las urbanas a su vivienda.
          Ya tiene hora y media de permanecer esperando, en la parada, ha intentado que le hagan lugar y subirse al bus que lo lleve la colonia donde vive. Se pone que va a ser difícil, cuando miran que es invidente, no le dan tanta oportunidad de llevárselo, le dicen que ya no hay lugar, se me hace que es porque no paga, el buen hombre no tiene mas remedio que hacerle paciencia, hasta que alguien se le ablanda el corazón y a puros empujones lo zampan al interior del bus.
          Vaya pues, ya debe de ser tarde, apresura su paso y con la ayuda de su bastón, se guía hasta el callejón donde esta la casa, al chocar y sentir el poste de la esquina, da  vuelta, se orienta rápidamente, de lejos escucha los gritos de la palomilla de patojos de la cuadra y entre ellos las voces de sus hijos que al verle saltan de felicidad y corren a su encuentro.
--- Aguas.!, muchá --- grita alguien, mientras detienen la pelota de la chamusca --- es el papá del Diego.
          Como halado y en procesión le apuran el paso, para hacer que mas pronto ingrese a la vivienda, logrado el propósito, se desata nuevamente el griterío, que estalla con el corre y corre del partido de futbol.
          Con su mano reconoce el rostro de la mujer, quien le devuelve la caricia con un beso, mientras su hija mas chiquita se le prende en una de sus piernas mostrándome cariño. Que alegría, a pesar que no tiene la dicha de verlos, los siente,  eso lo hace sentirse bien y le agrada que lo acaricien, sus hijos son como los ojos de su vida.
          Se sienta en la silla de la cabecera de la mesa, con todos a su alrededor, aspira solazado el olor delicioso de los recados de la cena y el cafecito caliente,  que le hace agua la boca, debe de ser el apetito.
--- Micaela ---grita, dirigiendo su voz a la derecha que es donde usualmente ella se sienta ---Sabés hoy fue un buen día, logré colocar vender varios números de la lotería, mas los que ya tenía encargados, saldremos bien este fin de mes. La gente se emociona con sus sueños de salir de pobre,.
--- Que bien ---respondió a sus espaldas, mientras le palmeaba la espalda ---Te has puesto a pensar, que se siente ganarse el premio gordo? , debe de ser emocionante.---
--- Fíjate que hace un tiempo, un mi cliente le pego al mayor, me contaba que toda su sueño era hacerse de una su casita y cabal justo a tiempo le sonó la flauta.---continuó --- Así como los que se abonan a un número y nunca se la sacan, de todo hay, viven soñando  con un su carrito, o irse a pasear al extranjero.---
--- Si hombre, con todo lo que se puede comprar con ese pisto, verdad?  Que tu refrigeradora o un par de camas nuevas, en fin sueños o deseos grandes, para gente con ilusiones.---
--- Hay las mujeres siempre pensando en comprar cosas para la casa. Menos mal que no dijiste perfúmenes y joyas etc. ---
--- Vos que crees que no me gustaría, o acaso no tengo sueños también.---
---En fin hay que empezar por comprar un numerito, para tener chance y jugársela con la suerte, hay ilusiones que se quedan allí, como sueños y otros que se vuelven realidad. Quimeras se llaman---
          Los niños observaban, mientras degustaban su comida, con los pensamientos en un montón de cosas que serían si existieran los golpes de suerte. Dieron gracias, se levantaron de la mesa y cada quien con su plato y cubiertos en mano, los llevan a la pila, se retiraron con las inquietudes de sus mentes, se dejanron caer en el sillón de la salita donde enciendieron la televisión.
--- Así, me gustaría que mi papá comprará, para poder ir de paseo--- indicaba uno de los niños, mientras miraba un elegante auto que salía en la pantalla.---
--- No seas tonto y quien va a manejar esa cosa. Mi papi no, verdad?---
--- Yo ---dijo la pequeña--- a mi me gustaría comprarle a mi papi….---
---¿Qué?,--- interrumpió el papá, mientras se detenía en el  marco de la puerta --- Haber que le comprarías a tu papi, mi amor.---
La niña se encogió de hombros y se puso toda roja, como manzana, sacó su manita y les hizo una señal negativa con sus dedos.
--- No te digo…---
--- Vamos dímelo, no seas así, tu sabes que yo te quiero mucho, que me querría regalar mi muñequita.---
--- Si yo me sacara la lotería, yo le compraría a mi papi…! UN PAR DE OJOS NUEVOS! ---
          Tras el asombro de toda la familia, el padre se adelanta y la busca dentro de su oscuridad, la abraza fuertemente.
--- Si mi vida un par de buenos ojos, bien me vendría para poder verte lo linda que eres.---
          Al día siguiente el no vidente hace su recorrido hasta el lugar donde se instala con su carreta, allí donde la calle se mantiene congestionada, se sienta en su taburete, bajo una sombría y la sonrisa no le cabe en la cara, su corazón manifiesta su alegría. Ahora sabe porque le dicen el Vendedor de sueños y a lo mejor de Milagros.


EN MAYO, ZOMPOPOS



          Estamos en el quinto mes del año, entrada particular del invierno, época de lluvia, que da vida a las siembras, las hortalizas reverdecen y los repollos rebosantes se hacen compañía en los cajones que van para el mercado. Las remolachas se hacen galanas, con sus hojas de venas moradas, amontonadas en el monte con los manojos de rábanos. Los marchantes que juntan el producto de su trabajo sacuden los almácigos con el resto de las verduras que hacen las delicias de una canasta natural.
          Hoy amaneció oscuro, lluvioso, uno de esos días fríos, que hacen difícil el dejar las chamarras, los goterones que se dejan escuchar en la lámina y al saltar al suelo dejan huella. Las ráfagas de viento de la tormenta ya han quedado atrás, solo el ambiente húmedo se deposita en las veredas, manchado por los charcos.
          Es día de algarabía, en las afueras del pueblo, cerca del campo de cultivo, donde aun hay monte en abundancia, la muchachada se ha dado cita a recoger la cosecha. Un suceso inusual los hace corretear de un lado a otro, cargan oficiosos, frascos de diferentes tamaños o mas bien bolsas plásticas para pepenar a los visitantes, son los mentados insectos, que en los últimos días de este mes, según su ciclo de vida, se les ocurre aparecer, alborotando especialmente a los chicos de la comunidad. Graciosos animalitos con  cabeza en forma de triángulo, con una tenaza en la punta para cortar hojitas, ojos saltones y un par de antenas. Tres pares de patas que salen de su tórax, que parece una coraza color café oscuro, con un trasero mas grande que el resto de su cuerpo, redondo como un huevo de cáscara blanda que se recubre de múltiples pelillos, como terciopelo.
          Algunos aun revolotean mientras pierden las alas y oficiosos se dedican individualmente. Por naturaleza, a abrir los agujeros que les servirán de entrada a la  madriguera, nido alimenticio de habitación a la siguiente generación. Caminan en forma simpática entre las plantas de los jardines, en las planicies adornadas de monte, donde se esconden para escarbar, sacando las bolas de tierra, socavando un túnel, están hechos para cumplir con una tarea anual de supervivencia, perpetuar la especie, eso significa depositar sus huevos, con suficiente alimento dentro de las cámaras, que darán albergue para todo un año a los descendientes.
          Les llaman zompopos pero son hormigas gigantes, cuya fisonomía le permite tener una fuerza tal que les permite efectuar sus labores fuerte, son torpes en su accionar y algunos al volar se ven perdidos en su orientación, caen en superficie no de tierra, donde son destruidos o mientras se movilizan para buscar donde hacer sus nidos, se vuelven presa fácil de los pájaros, que también en búsqueda de alimento se tornan depredadores que los capturan y luego se los comen. Eso si, los menos afortunados son los que caen en manos de los muchachos, en su mayoría de niños, que luego de jugar a las luchitas con ellos, son llevados al destace, donde los mayores les arrancan el trasero, los lavan, luego los colocan a saltar en un comal, mejor si es de barro, asándolos por unos cuantos minutos, hasta que como manías quedan listos para comer, en grandes volcanes son exhibidos en hojas de plátano, en los canastos de expendio y luego vendidos por pushitos, o a lo mejor por onza o por libra.
          Del sabor ni se diga, es un manjar, se agarran unos cuantos “culitos”, redondos como semillas, en una tortilla de masa de maíz, recién salidas del comal, se les baña en jugo de una tajada de limón, unos granitos de sal, se convierte en un plato exquisito. Como dicen los paisanos cuando se acompaña de un cuto de guaro mejor, el punto de las bocas que además combinado con hojitas de berro picado.
          Plato de ocasión que dicen los expertos, cargado de proteínas, parte de la gastronomía exótica de nuestros pueblos mayas, como tantas otras cosas que la mayoría de la población no acostumbra a degustar. Quien iba a pensar que este dichoso animalito gustara tanto.

jueves, 6 de junio de 2013

UN SECRETO EN TU MIRADA



“Hoy que te vi en el río, vaya si no estabas hermosa, tu cálida silueta se reflejaba sobre las aguas, mientras restregabas oficiosamente la ropa. Tu cabello negro, liso, que mojado caía sobre tus hombros de piel morena, me hacía recordar las bellezas de la naturaleza, de los bosques donde se prenden las orquídeas de místicas flores, que reflejan armonía y tranquilidad.
          Suspiraba en el anhelo de conocerte, de enfrentarte y ver de frente esos enormes ojos azabache, que llenos de ternura depositabas en inocencia tu mirada serena, junto a tus rosadas mejillas que hacían escurrir en gotas de rocío la candidez de tu alegría, cuando atenta con tu curiosidad lanzabas tu mirada en las azules aguas de manso río, que te servía de escenario a tu sin igual belleza.
          Tu pudor te hacía sonrojarte, cubriéndote con una transparente blusa tus delicados senos, que ante los movimientos del ejercicio, se tornaban exquisitos y turgentes, en ocasiones optabas por esconderte dentro de las aguas para no dejarte ver, por los visitantes que pasaban por los alrededores.”
          Cuantas veces había contemplado ese bello espectáculo, como súbdito admirador, detrás de los arbustos que crecía alrededor de la poza, vado donde se encontraban los lavaderos. Te conocía de lejos, de saludos informales. Animo me hizo falta,  el paso hacia delante no me atreví a tomarlo, un día  pasaste presurosa junto a mí, allí estuve a punto de hablarte, pero se me cerró la garganta y la lengua se me volvió un nudo. Imaginaba, qué podrías pensar de un muchacho de veinte años como yo, que lleno de timidez, apenas se animaba a comunicarse, sobre todo en presencia de una mujer tan hermosa, que decir? Buscando la manera de hacer intentos de plática, que me abriera un brecha, para luego establecer una insipiente amistad y con posibilidades de ir mas lejos.
          Fuiste muy certera cuando en una oportunidad, al confrontarme, sacudiste tu cabello, insinuándome que era poca la importancia que yo te merecía, sin embargo respondiste a mis tontas preguntas con un tinte de rubor en el rostro, eso me dio alas para mi sentimiento, aunque en monosílabos, Si o No, fueron  las palabras que brotaron de tus labios, para dar un hilo de esperanza a la comunicación con tu persona.
          Al verte, me alteraba, si tú supieras, ese temblor fino que recorría todo mi cuerpo, me acalenturaba las orejas, las manos me sudaban y el corazón me palpitaba a mas de mil, me incitaban a salir corriendo y buscar luego otra oportunidad. En cambio tú muy cortésmente te dabas media vuelta y esquivándome seguías tu camino sin voltear a ver.
          Estaba seguro que si hacía otro intento la suerte me favorecería y ese sería el momento de entablar una pequeña amistad. A lo mejor estaba desvariando, quisiera no estarlo, viéndole tres pies al gato en vez de cuatro, en fin, será que en algún momento te fijaras en mí. Pasaban los días teniendo que esperar. La busco pensaba, entonces me plantaré frente a ella y le voy a decir, tantas cosas….
          Que va, apenas la puedo ver frente a frente, menos le voy a hacer preguntas o decir cosas bonitas, como ¿Me gustas? O algo así. Hummm...…! Quien quita me arriesgo a que me chipotee la cara. Bueno fuera, además de emocionante, que rico sería sentir lo suave de su palma de la mano, en mi cachete…
          Estoy listo, hoy es el día, me encasqueté mi camisa dominguera y fuí a buscarle, tengo que hacerme de valor o nunca voy pasar de zope a gavilán, ya se,  vive por los linderos del campo de pelota, le salgo al encuentro, afino mi voz y la saludo. Bien Dios dirá si todo me sale bien.
          Salí rumbo al lugar, presentí que la iba encontrar en mi camino, así fue, la vi de lejos, llevaba un vestido de flores muy lindo, con un cinturón que le apretaba, resaltándole su belleza, hermoso cuerpo y  caderas  se le miraba a la distancia. Cargaba una sombrilla para cubrirle de  los rayos del sol, pero del brazo de un hombre, con quien charlaba alegremente. Perdí el instinto, el valor se me hizo agua, me detuve al canto de la esquina y haciéndome el desentendido, la vi de reojo, cuando pasó a mi derecha.
          Me sentí cucaracha, cuanto tiempo había pasado pensando en que hacer y  por lento, alguien se me había adelantado, di la vuelta agarrando de las orillas de la camisa. La rabia no me dejaba en paz, la observé cuando subió las gradas del atrio de la iglesia y luego desapareció en su interior. Opté por irme a refundir a la tienda donde algunos de mis amigos retozaban en la mesa de futillo.
          Nada lentos empezaron a sacarme de broma, en mis adentros yo estaba destrozado pero bien acepté los chascarrillos que iban desde lo arrugado dejado en mi camisa, hasta sonrojarme de a quien andaba persiguiendo. La verdad es que me hicieron reír, pero acaso se me olvidaba el asunto pues… 
          Pasé unos días fuera de circulación cuando salía del instituto, donde daba clases, me iba para la casa, me sentaba para preparar mis trabajos de las clases o me sentaba en la hamaca del patio a divagar la mente. Ya mi madre se había dado cuenta, algo pasaba conmigo que no era lo alegre de siempre, se me había quitado el apetito y había disminuido las salidas a la calle con los cuates de la cuadra.
          Un día al regreso de la escuela, me hizo sentar en una butaca junto a la mesa, me espulgó a preguntas, hasta que hacerme confesar, de lo que me tenía fuera de si, en el interrogatorio me saco a colación si había algún problema con chicas o si estaba enamorado. Ella era una viejita a todo dar, me abrazó, me reconfortó con el estribillo de siempre “ya se te va a pasar”, me dio unas palmaditas en la espalda, me dijo con aquella verdad como consejo, la vida continua y entonces habría que hacerle frente. Cuanta razón tenía, no me iba a quedar allí agarrándome la quijada lamentándome, o acaso no habían mas patojas pues?...
          Salí a la calle con ánimos renovados, estaba dispuesto a aceptar lo que viniera, caminé alegremente rumbo al parque, hablaba como loco, conmigo mismo de historias y proyectos, tratando de divagaba mi mente, hasta que llegué a mi destino. Junto al kiosco, se encontraba una carreta de helados, de esos que se paletean a mano, me ordené uno de a choca. Busque dentro de mi bolsillo la moneda de a .25 y la canjeé por la cornucopia, la que saboreé de inmediato.
          Sentí a mis espaldas la presencia de alguien, sin voltear a ver me hice a un lado. Una voz no conocida me habló suavemente y se acercó, diciendo un tanto autoritariamente.---Será que me invitas a un helado?, volteé de inmediato, si era ella, saben, me cayó como un balde de agua fría, tanto que no pude mas que aceptar asintiendo con la cabeza, mientras el sorbete se me derretía en los labios.
          Como pude, inicie una charla de tartajo, donde con trabajo le mencioné entre las cosas que me atrevía a decir que sabía de su nombre, me tomó del brazo y nos acompañamos a sentarnos en un de las bancas que reposaban bajo una frondaza Ceiba. El clima era fresco, para charlar adecuada.
          Saben ella sonreía cada vez que comentaba algo, me daba la impresión que ya lo sabía y luego me hacía trastrabillar con sus interesantes preguntas, hasta llegar al punto que me lancé a insinuar lo que me tenía inconforme, sobre el sujeto que le acompañaba tomados del brazo el día que la había visto, en visitó la iglesia.
          Resonó una carcajada en mi cara, me dijo que me había visto y porque me había hecho el desentendido, lo que me dejó perplejo, me preguntaba hacia mis adentros y esto…? Lleno de curiosidad insistí en la pregunta, ella dejó de sonreír cuando me vio serio. Entonces me devolvió la pregunta. Acaso yo le intereso?, claro que quería gritárselo, Siii!, pero me volvió el mutismo, eso me revoloteó el cerebro, asentí con la cabeza, temiendo que la siguiente respuesta me iba a causar mas congoja.
          Sentada frente a mi, colocó sus manos sobre su regazo y con la candidez que le caracterizaba, me dijo que la persona con quien me había visto era su hermano mayor, con quien tenía un entrañable cariño, que como había decidido viajar a la ciudad, le había acompañado a la iglesia para solicitar la bendición del señor cura y rezar por la familia.
          Eso me había quitado un peso de encima, me sentía liberado, hoy era cuando, tembloroso tome su mano y le hice saber de mis sentimientos para con ella, habiendo completado mi confesión, ella me miró, luego bajó su cabeza y una lágrima brotó de sus ojos. Me dijo que si yo estaba dispuesto a aceptar algunas verdades que podrían ser un impedimento para la relación. Ella se sentía atraída por la propuesta pero que debería de pensarlo seriamente.
          Estaba alocado que acepté sin mas conocimiento e intenté besarla. Ella me colocó la mano en mis labios y asumió una actitud de serenidad. Me dijo tener una hija, que aun se encontraba casada que su marido la había abandonado, ambas cosas no le permitía rehacer su vida adecuadamente, que había rechazado varias ofertas en su vida por considerarlas cosas pasajeras y que eso no era lo que deseaba.
          A pesar de haber sembrado la duda, mi pensamiento no se apartaba de ella, le fui a buscar hasta su casa, para decirle que en verdad la amaba que no buscaba una aventura y estaba dispuesto a enfrentar cualquier cosa. Toqué la puerta, una anciana me abrió, desde el interior ella dijo que me dejara pasar, entré a una salita donde ella atendía a una niña de unos 7 años, en silla de ruedas, enfermita de nacimiento a quien trataba de alimentar con papilla. Me acerqué, con el valor que me había hecho falta anteriormente le dije que era una niña tan bella como su madre, le dí un beso en la mejilla, la niña sonrió con su mano de dedos entumecidos de poco desarrollo, me acaricio la cara..., su madre me abrazó. Me dijo quien a tus hijos besa, tu boca endulza. Creo eso selló nuestro compromiso.
     
  


miércoles, 5 de junio de 2013

ESTAMPAS DE LA COSTA



          Cuando las parvadas se hacen viaje hacia el sur, los hermosos celajes se hacen pintura sobre el azul del cielo, la búsqueda de cálidos rayos del sol entretienen su veraniego transitar junto a las playas. El viaje ha sido largo, de las nevadas frías y el gélido norte, hasta los lugares donde depositan sus huevos y levantan sus crías, que luego aprenden que deben de regresar a su punto de origen.
          Las saetas voladoras, descienden en círculos de caída libre, para reposarse en los swampos, donde el escenario de la música con los pájaros y el zumbido de los zancudos, hacen armonía, con los brillantes colores de los campos, allí las flores se asoman en la orilla del agua, que golpea el tul y las  raíces de las acuáticas plantas, donde los pececitos retozan, disfrutando de la marea. Las caracoleras se hacen de suculentos desayuno, cuidando a las hembras que protegen sus nidos bajo sus patas, donde mas alto crece el zacate.
          Las canoas hacen su fugaz aparición, cuando en medio de los canales, se detienen con senda atarraya que lanzan como abanico sobre las pozas, donde arrastran toda clase de bichos, entre cangrejos, camarones y uno que otro guapote, de una cuarta de tamaño. Es un arte la confección del instrumento y mas aún la disposición y capacidad de enviarlo a la búsqueda de los peces, estos últimos que saltan a la desesperada al verse atrapados entre los nudos de los hilos plásticos, hasta que son liberados sobre la lancha del pescador.
          Los cangrejos azules se asolean en las raíces de los manglares, mostrando sus tenazas cuando se ven asediados por los pescadores, que los hacen correr,  hábilmente se esconden en los agujeros de los troncos, hasta que presienten que el peligro a desaparecido. Sin saber que el depredador, se llena de paciencia y espera hasta que su víctima salga de su escondrijo y es atrapado de sus tenazas, que lo deja indefenso.
          En un recodo de la playa un grupo de chicos, aprovechan la mañana para un baño, chapoteando mientras juegan, un tronco les sirve de trampolín en su piscina particular, todos bajo el ojo cuidadoso de la madre que en el espacio de dos piedras, revuelve el lavado de la ropa con la bola de jabón de coche, que luego la somata sobre el improvisado lavadero para despercudirla, los restos de la espuma viaja en las ondas del agua hasta desaparecer en la corriente del riachuelo.
          Un trueno espanta a las gallaretas, que sin levantarse del agua, se convierten en víctimas por los disparos de los perdigones de los tubos de la escopeta que lanzan fuego, algunas logran escapar para dirigirse a las lagunetas más lejanas. Los cazadores andan sueltos y las familias de los patos temerosos se disponen alzar al vuelo en búsqueda de salvar sus vidas, en la tranquilidad de los aires, para luego lanzarse nuevamente mas allá a otro espacio de agua más seguro. Un nuevo disparo las encuentra en pleno aterrizaje y algunos trastrabillan y caen panza arriba en los linderos de la canoa de los visitantes, que luego los recogen para dejar libre las pistas para que lleguen nuevos incautos.
          En los linderos donde asoma un pequeño muelle, se hace permanecer una canoa, atada a uno de sus postes, el camino de lodo de allí se dirige a las casucha de lepa, donde las aves de corral, corretean de un lado a otro, rascando la tierra en búsqueda de gusanitos que les provean su alimento, una gallina sale cacareando debajo del montón de leña, con su plumaje alborotado, sacudiéndose de su labor de haber depositado un huevo. Los patos criollos, buscan registrando con el pico, dentro de agua enlodada algún sobrante de alimento.
          A través de las rejillas que deja la lepa en la vivienda sale el humo proveniente de la fogata del comal, donde saltan las tortillas de maíz amarillo que se colocan de cocimiento, después de que se elaboraron por medio de los aplausos de la cocinera. En la entrada del rancho una hamaca se bambolea, con un bebé que disfruta la siesta después haberse amamantado.
          En la esquina del corredor, donde se reposa el cántaro del agua para beber, con su sombrero de la mitad de cáscara de morro, que sirve para servirse. En el suelo de tierra se acomoda un  perro, mas flaco que un chirivisco, que sacude su cola para espantarse las moscas que le hacen cosquillas en el lomo, se levanta lleno de aburrimiento, se estira y  asoma hasta el patio donde corren los chompipes que alocadamente buscan el lugar donde uno de los chicos desgrana una mazorca y suelta los granitos de comida para la tropa.
          Mientras el sol alcanza el cenit, los chicos reciben el llamado de su panza y se acercan urgidos de llenar su necesidad. Junto al fuego  está la mesa que se ajusta con una piedra en una de sus patas para que no se mueva, encima se encuentra la olla de barro con el caldo de frijol negro con pepas, cada quien arrima su banco y se apresta a exigir en su plato de peltre, su dosis de tortillas y si alcanza, un trocito de queso, que adereza el plato principal, con los dedos embadurnan su alimento y rascan hasta el fondo del plato, hasta la última miga de muestra.
          En la rama del árbol frente a la casa se encuentra guindada una penca de banano majunche, que prestos los patojos se encaraman en una banca para hacer de las suyas y arrancar unos cuantos, para llenar el hoyo de la muela y saciar la necesidad a través de un delicioso postre.
          La hora del reposo vespertino, tras pasarle agua a los platos y posillos, la madre se carga al pequeñín y le provee de su leche, mientras los demás se dedican a participar de la pesca en la orilla del muelle, con un hilo, anzuelo y lombriz donde en la práctica adquieren la experiencia para sacar algún despistado pez, que se engolosine con la carnada.
          Las gallinas ya se enciman en las ramas del almendro y el resto de los animales se buscan refugio en los escondrijos del patio junto a la casa, la clueca con sus 8 pollitos busca nido cerca del comal de la cocina y la familia junto a un candil de gas se disponen a acomodarse en el tapesco, donde los tres niños agarran sueño. El paso de una lechuza y el canto de un tecolote le dan armonía a la noche calurosa de la costa.
          La madrugada se anuncia con las parvadas que continúan su viaje hacia el sur, con los hermosos celajes que se pintan sobre el azul del cielo, los patos se antojan cantantes en búsqueda de las lagunetas que con los cálidos rayos del sol, entretienen su veraniego visitar de las aguas de los canales.

lunes, 3 de junio de 2013

TAMAL COLORADO



          La anciana esperaba acurrucada en su silla de ruedas, a la orilla de la olvidada mesa de de pino, con olor de ocote, aburrida con su cansado rostro marcado por un sin número de surcos de arrugas que le describían el montón de años que había recorrido en el curso de la vida, azarosa, llena de achaques y cargada de sacrificios que le habían hecho perpetuar sus penas, la salud que en ocasiones le pendía de un hilo, con un sin número de paroxismos de tos, que le hacía encorvarse mas su jorobada espalda.
          Todas las noches permanecía junto al pollo, cocinando con pura leña, los poquitos de café o unas tortillas tiesas. Cuando le agarraba el sueño, cabeceaba, para poder permanecer así hasta la madrugada atisbando los carbones, entreteniendo los alimentos a temperatura para que cuando su nieto regresara del chance, poder ofrecerle algo de alimento, un pequeño bocado, aunque fuera recalentado.
          Al verlo se alegraba y muy oficiosa procedía a servirle, el plato de peltre que apenas se embadurnaba con el más que ralo caldo del frijol, sin pepas, el posillo a medio llenar de agua teñida de polvo de café. El humildemente se sentaba junto a ella, tronchaba el pedazo de tortilla medio tostada, que tronaba entre sus dientes, como quien saborea un trozo de carne asada. Pero que al menos sustentaba, para dormir un rato de la mañana, para ganar fuerza para ir a barranquear,  tapiscar unos chiriviscos y buscar una que otra hierva, fruta o algo para tener que compartir con ella, mientras le caían unos centavos del trabajo de ayudante de chatarrero.
          Abelardo, abandonado hacía 4 años, en manos de la abuela. Su madre un día agarró sus pocas pertenencias, emigró al país del norte en búsqueda de mejor vida., lanzándose a la aventura de cruzar las fronteras, tras el sueño americano. Pasados los dos primeros meses del intento dejaron de saber de su paradero y si había logrado su objetivo. Actualmente a sus 12, se había visto en la necesidad de hacer algún trabajo, para ayudar al sostenimiento de la covacha que les servía de vivienda.
          Sin embargo la vida le había jugado una trastada y le había tratado mal, pues desde que su abuela se había hecho cargo de él, había enfermado, velaba por ambos.   La señora cargada de años y enfermedades, no podía caminar eso le había hecho perder su único sustento que era la elaboración de tamales colorados, de masa blanca y carne de pollo.
          La viejecita se lamentaba constantemente, de su invalidez, a pesar que personas de buen corazón le habían proporcionado la silla de ruedas que le ayudaba a no estar inmóvil, en su único espacio de movimiento por lo que deambulaba de la puerta al cuarto de su vivienda. Las vecinas también procuraban de ayudarle en su aseo personal y cambiarle su ropa, en ocasiones llegaba, una muchacha ha peinarle su cabello largo, tamizado de canas y dejárselo coquetamente con una trenza, culminada con una moña de listón de regalo. Las largas charlas y las innumerables anécdotas que le gustaba transmitir, hacía que a la joven en varias ocasiones le habían llamado la atención por permanecer largos ratos con ella.
--- Algún día mija…, algún día,  Dios te lo pagará lo que haces por mi, yo te prometo que antes de que yo me muera te voy a dejar un secreto…!
          Esa era la cantaleta que siempre le decía a la chica cuando se despedía, después de haber disfrutado una tarde completa de su charla y compañía. Las lágrimas brotaban de sus ojos en señal de agradecimiento. Cuando su nieto volvía de la calle:
---Ve pues abuela, ya está llorando, siempre que vuelvo y la encuentro así, es porque la muchacha esa de la vecindad, ha estado con usted… saber que es lo que le dice que la pone triste… de pronto le voy hablar de que ya no venga ---
--- NO mi muchacho, ella es un ángel, muy cariñosa,  me cuida y me mima. Lloro cuando se va, por la alegría que me brinda, porque me hace sentir bien, en estos momentos de soledad que tengo.---
---Hay abuela, se me pone usted muy sentimental….
--- Contame hijo, como te fue hoy, hiciste tus centavitos.---
--- Hoy si mi viejita, le traje un su atol de Incaparina para que lo prepare y se alimente.--- 
          Así pasaron los meses, la señora cada vez mas testaruda, además de vieja, el muchacho ya de adolescente, pues se la pasaba mas tiempo fuera de la casa y en ocasiones olvidaba a al abuela que pasaba muchas horas si saber de él. La única que siempre llegaba a verla era la joven que le arreglaba el pelo y con quien charlaba alegremente.
---Oiga Abuela --- le decía Rosita la joven.--- Mañana no vengo tengo que ir al instituto y ya debo de regresar tarde, mejor si no se me despeina, porque vengo hasta el día siguiente, ja, ja, ja,---
La chica le hacía en son de broma, luego le besaba en la frente y se despedía siempre con la misma cantaleta.
--- Hay la vengo a ver, pero no se le olvide que me debe algo…..---
---Si ya sé ---le respondía con una sonrisa.--- que te debo y te voy a dejar un secreto, que te vaya bien y que Dios te bendiga.---
          El chico amaneció un día con la gran preocupación, la abuela había pasado despierta toda la noche hirviendo en fiebre y con su acostumbrada tos que no la dejaba en paz, como pudo la arreglo y con la ayuda de los bomberos la llevaron al San Juan de Dios, estaba mal la señora, la tenían en la sala de intensivo donde le había puesto oxigeno y otra serie de medicamentos para mantenerla, días mal y días regular, pero se mantenía prendida su vida de un  hilo. En medio de su gravedad le indicó a su nieto que quería que le buscara entre sus cachivaches, un pequeño cofre de madera, que era todo su tesoro. Que le pidiera a Rosita que llegará a visitarla.
Ya entrada la tarde en el pabellón del santo hospital, se encontraba solitaria la viejita, la jovencita que había logrado entrar ya al final de la visita se acercó hasta su cama. La saludó.
---Espero que hayas traído tu peine para arreglarme el cabello---
--- Claro que si abuela, cuénteme y como se siente….!---
--- Mal, hija por eso te hice llamar, en esa mesa hay un cofre, de madera, con dibujos de típicos. Como te había prometido, que te iba a dejar un secreto, no es gran cosa pero úsalo, eso te dará para vivir y salir adelante.---
          Ella intentó abrirlo, pero no pudo, la señora se arrancó una cadena de fantasía con un dije de San Miguel Arcángel y una pequeña llave, indicándole que cuando ella falleciera abriera la caja.
          La triste noticia no se hizo esperar, la joven en medio de su congoja, se animó a por la curiosidad a aperturar el cofre. Encontró allí un papel de periódico antiguo impreso, lo desdobló, sobre la mesa y el texto indicaba.
“La famosa receta de los Tamales Colorados, de doña Margarita Cifuentes”.
          Con el tiempo Rosita, se unió al muchacho, juntos pusieron una venta de tamales colorados de masa blanca, de carne de pollo envueltos en hoja verde, con el éxito de la receta de la Abuela.  

 

LA DAMA DEL BALCON



           A la hora de que los pájaros revolotean en busca del refugio para pasar la noche, cuando el clima se torna frío, usualmente pasaba por la calle de los árboles de Jacaranda, rumbo a mi casa. Era cuando curiosamente la veía asomarse en la ventana, aunque de mirada triste, siempre al verme pasar levantaba la mano para hacerme un saludo. Instintivamente le respondía, aunque no se porque lo hacía, quizás con algo de pena por tratarse de algo desconocido. Muchas personas comentaban de la aparición de dicha dama, decían que esperaba a su amado que la había abandonado, por lo que buscaba atraer a muchachos jóvenes para engatusarlos y luego llevárselos quien sabe a donde.
          Cada vez que la volteaba a ver, corría la cortina amarillenta con su mano o esperaba que me detuviera luego entonces se posesionaba detrás del vidrió, abría sus enormes ojos negros, movía sus labios como quien me decía algo, un mensaje que no se escuchaba y  luego el movimiento de su mano, con el saludo respectivo.
          Impulsado por la curiosidad, me propuse pasar a una hora diferente a la que acostumbraba, me detuve en la acera de enfrente, para observar si aparecía. Pasé algunos minutos en espera, pero fue en vano, no se asomó. El ruido de las láminas oxidadas que se levantaban en el techo, daban un sonido metálico al ser sacudidas por el viento, eso hacía un tanto tétrica la situación además la casa que había permanecido por mucho tiempo abandonada, la fachada había perdido su color y las paredes se descascaraban quizás por el paso del tiempo, la puerta hacha de machimbre,  estaba ligeramente caída con señales de encontrase apolillada en su base, aún al pasar por las noches no se observaba presencia de luz.
          Los chicos de la cuadra temían acercarse y decían que se trataba de la casa de los espantos y en ocasiones rompían los vidrios de las ventanas para sacarse el susto, lanzándoles piedras para hacer que el espíritu apareciera. Nadie daba cuenta si alguien vivía en ella,  o de alguien que entrara o saliera del lugar, los vecinos solo comentaban las ocasionales apariciones de una mujer en el balcón de la casa. La señora de la tienda de la esquina se santiguaba cuando pasaba por enfrente, si voltear a ver y a paso ligero. Cuando alguien inquiría sobre el asunto, jamás respondía y prefería cambiar de tema.
          Alguno de los ancianos, comentaban que el pasado siglo, vivía una familia que creía en los espíritus, comentaban, que practicaban sesiones espiritistas y hasta celebraban encuentros con las almas de los recién muertos. La cuestión es que todo lo que se tejía en un ambiente de suspenso, muchas eran historias de miedo, cuentos de aparecidos que se narraban en las banquetas de las casas, producto de leyendas y chismes de los habitantes del lugar, que no dejaba de dar calofríos y producir calosfrios al deambular en las cercanías ya entrada la noche.
          El domingo, después de la misa, de las 19 horas, con una lámpara de mano y un rosario, me dispuse a iniciar la aventura, entré al jardín que estaba frente a la puerta, le di varios empellones a la puerta la que después de crujir cedió y me permitió ingresar, encendí la linterna, era una salita donde había un perchero donde colgaba un abrigo lleno de polvo, frente a él un rectangular espejo, de cuerpo entero con formas redondeadas de madera torneada pintada de dorado. El piso que también era de madera de machimbre, tronaba con el peso de mis pasos, entre a una habitación que parecía una sala, varios sillones reposaban sobre una alfombra, donde se dejaba ver una chimenea, cundida de hollín y algunos leños  tiznados a medio quemar, sobre el dintel de la misma se observaba una pintura de un caballero, con vestidura de principio de siglo, con un bastón en la mano izquierda y la mano derecha metida debajo de su solapa al estilo Napoleón, su rostro un tanto desagradable e indiferente, usaba tremendo mostacho, con las puntas dobladas hacia arriba, su cabello largo caía sobre sus hombros, además reflejaba prepotencia y mal genio.
          Un ruido a mis espaldas me hizo retroceder, volteé junto a la luz, pero no alcance a ver nada, solo una leve polvareda se levantó junto a la puerta de la otra habitación. Agarré valor, me dirigí hacia ese lugar, un temblor fino me recorría el cuerpo y se me había puesto la piel de gallina, me sostuve en el marco de la puerta y me asomé poco a poco al siguiente cuarto, lo exploré a través de la linterna señalando los rincones y todos los objetos de la habitación.
          Una marquesa pegada a la pared, con su respectivo taburete, cuyo espejo se encontraba rajado de un lado a otro, además estaba opacado con manchas negras, un enorme ratón salto en la parte superior del mueble y cayó al suelo escondiéndose en un agujero de la pared. Eso me hizo controlar un tanto el flato, me relajé. En una mesa de noche encontré un quinqué, le retiré el vidrio superior, saque de mi bolsillo una carterita de fósforos, después de sacudir el mechero, para ver si tenía gas,  le di lumbre a la mecha, que ardió de primera instancia, después de unos segundos, un soplido dio al traste con la llama y me quedé a oscuras, tomé otro fósforo y repetí el procedimiento, pero tuve la precaución de colocar el vidrio, eso iluminó el cuarto.
          La luz de la mecha, después de un tiempo empezó a disminuir hasta dejar casi en penumbra el lugar, una sensación helada me recorría la espalda que hizo ponerme incómodo, sentía algo fuera de lo común, un viento extrañó barrio el derredor de la mesa y en un decir amén, una figura  humana apareció junto a la marquesa, detrás de una mantilla blanca se dejaba ver un cabellera negra y un rostro femenino, portaba un vestido también blanco que llegaba hasta el suelo, sus manos cubiertas con guantes de fiesta, emulaban los saludos que en muchas oportunidades me había hecho desde la ventana.     Retrocedí cargado de miedo, hasta que topé con la pared, tomé la lámpara de mano y la encandilé, la luz temblaba junto a mi mano, la dama se descubrió el rostro tras un gemido se disolvió en medio de un remolino, al contacto de la luz de la linterna. Entonces escuché un trueno y sin darme tiempo para santiguarme, me cayó una viga del dintel de la puerta, que me hizo perder el sentido.
          Recobre el conocimiento, me tomé la cabeza donde experimentaba un chichón, si quejarme respiré profundamente para agarrar compostura, me sacudí las tela arañas que se me habían pegado en el cuerpo, no sabía cuanto tiempo había transcurrido, hice el esfuerzo de ponerme de pie y buscar el camino por donde había entrado, el quinqué se había apagado, en medio de la oscuridad conecté la linterna, ya había señales de que despuntaba la mañana, cuantas horas habrían pasado, no lo se, pero trastrabillando y tomado de la pared me guié hasta la entrada. Sorpresa junto al perchero, se encontraba la dama nuevamente, estaba engalanada con el abrigo color café, me asusté, hice el intento de salir por algún otro lado. Ella se acercó lentamente. Con voz lúgubre dijo:
--- Me has venido a buscar, después de tanto tiempo, he extrañado tus visitas y hoy es el día en que no dejaré que te escapes como en otras oportunidades. Tomarás tu carruaje para llevarme en un paseo alrededor de la plaza donde luciremos nuestras galas, ante los invitados y amigos antes de llevarme a la iglesia. La falta de tus caricias y tus besos me han mantenido al tanto, hasta que te volví a ver cuando pasabas indiferente por la calle, donde te saludaba y te llamaba para que regresar a mi para poder cumplir con tu promesa.---
--- ¿Cumplir una promesa?--- repliqué con cara de extrañeza --- Yo jamás te he hecho alguna promesa, ni siquiera te conozco…!---
--- Tu…, tu mi bien amado, de rodillas un día de mayo, me pediste mi mano y ofreciste llevarme al altar, por eso permanezco con el ajuar, esperando que tu regresaras de tus viajes… He pasado tantas cosas en mi soledad y en la espera. Mírate que guapo te ves con tu traje especial de levita y tus botines de cuero, con el cual nos prometimos.---
          Efectivamente había una transformación en mi tenía puesto un traje negro de solapas anchas, chaleco de botones de carey y una camisa de vuelitos, engalanada con una corbata de pajarito. Algo que me  sorprendió sobre manera, me miraba de arriba abajo y no lo quería creer.
---¡Como…!, --- algo había pasado cuando perdí el sentido, busque en mis bolsillos el rosario que siempre me acompañaba, pero había desaparecido.
--- Es para que recuerdes el traje que habíamos encargado a París, comprado para nuestro compromiso, de mucha elegancia.--- haciendo un intento de acercarse, me tendió los brazos.--- Ahora ya estamos libres, mi padre quien se oponía a nuestro enlace, pasó a mejor vida, víctima de la epidemia de la peste y yo sola, a pesar de los tantos pretendientes, me mantuve célibe esperando a que regresaras… Dime que te parece mi traje de gala y mi hermoso ajuar, listos para lucirlos en nuestra boda,  vamos mi amor, llévame al altar para sellar nuestros votos.---
--- Imposible, no se con quien me confundes…---
          A medida que ella se acercaba, yo trataba de esquivarla, se me abalanzó tomándome del cuello, por lo que me lancé hacia la puerta, la terminé de romperla y caímos estrepitosamente en la acera de la calle, la mantilla se le desgarré con la mano, descubriéndole el rostro. Tras un grito que interrumpió el silencio, se mostró una calavera, cuyos cabellos negros cayeron en su regazo. Pronto todo se transformó en polvo, por efectos de los rayos del sol, el traje blanco y el abrigo se  desvanecieron en el aire y el viento los arrastró hacia el infinito. Yo la fui a tener hasta la calle.
          El escenario del frontispicio de la vieja casa, en la calle de los árboles de Jacaranda, quedó inmóvil, mientras las campanadas de la iglesia marcaban las 6 AM, llamando a la misa matinal, me puse de pié estaba bañado en sudor por el susto, y me costó reaccionar ante tal espectáculo de pánico. Salí de allí mas corriendo que andando, volé como desesperado, por los callejones que me llevaban a mi casa, sí, allí me di cuenta que me miraba ridículo semidesnudo, con los restos un traje negro.
          Los días pasaron, las gentes me miraban al pasar por la calle, algunos se me acercaban y me somataban el hombro, digo que para reconfortarme, como las gentes decían, que había tenido el valor de acabar con la leyenda de la casa vieja de la calle Real, donde aparecía la Dama del balcón.