lunes, 17 de junio de 2013

DULCE DE CHANCACA



          El niño regordete, de cachetes colorados, se hace acompañar de manos de su madre. Luce una gorra de múltiples colores que revelan con una letra, su afición al deporte del beis bol, su pantalón corto de gabacha que deja ver sus canillas blancas terminando en zapatitos amarrados, cuyas plantillas se encuentran en algún grado despegadas, enseñando los calcetines como ventanas de donde salen al aire las sucias uñas de sus pies. En la bolsa del lado derecho, algo le abulta, además de un cáñamo le sobresale de la orilla, es su juguete favorito, es un trompo, un trompo de madera, que lo lleva a todos lados.
          Salieron de la iglesia y mientras su madre le entra a la comidilla de chisme con el resto de las rezadoras,  él prepara su artefacto, poniendo el índice de su mano izquierda en la punta metálica, con  la derecha lo envuelve con la pita que con un nudo en la punta se sirve de punto de apoyo, hasta llegarla al copete. Lo lanza por los aires haciéndole girar cuando aterriza en el suelo, corre entonces y con su habilidad de manos, lo recorre por la palma, cuando balanceando el trompo lo dirige a golpear una corcholata que le sirve de blanco.
          Reconstruye todo el acto una vez mas y así se entretiene en el atrio de la iglesia, se acerca a la mama, halándole el delantal de cuadritos azules.
--- Mamá…. Dame un centavo.--- le insiste unas tres veces, antes de que le pongan atención.
--- No tengo.---sin dejar el hilo de la charla con la comadre --- patojo deja de interrumpir---
--- Mamá… dame un centavo, dame un centavo. ---redunda la cantaleta, entreteniendo su vista en volver a armar el trompo y lanzarlo como un intermedio.
Recoge su juguete y se acerca nuevamente.
---Mamá… dame un centavo.--- se empina y procura registrarle la bolsa en busca de una moneda.
Zas! Sopapo, saca su manita y se sienta en el suelo, haciendo pucheros y mostrando una lágrima en su mejilla.
--- Yo solo quiero un centavo…. Buuuuu, un centavo.---
          Con el dorso de la mano limpia las candelas de mocos que salen de su nariz por efecto del llanto y luego lo escurre en los laterales del pantalón.
          Pronto olvida el berrinche, se pone de pie. Mientras le hala esta vez el vestido, le insiste a la desinteresada madre que no deja platicar.
--- ¡MAMA!...---grita esta vez, pensando que el aumento del tono le servirá para captar su atención.
--- Ya te oí y un centavo no tengo… entendé---
--- Ya no, ahora quiero hacer pipis.---
---Hay patojo, todo se te ocurre, para interrumpirme.---
          Le desabotona la gabacha del pantalón y lo manda a la acera de al lado a que haga su necesidad, sin perder de vista a al señora que le cuenta el último chime de la cuadra.
---Yaaaa! --- grita el chamaco.
---Súbase la ropa y viene hasta aquí, para que le abotone los tirantes… ¡hay muchachito tan fastidioso!--- se dice a si misma.
          Al fin alguna de las dos parlantes, se desespera, la charla se detiene, se despiden afectuosamente y la comadre agarra viaje para su casa. La madre se encuclilla y le compone la camisa que se le sale de los lados del pantalón.
--- Anda a jugar por allí, mientras platico con doña Pita.---
          Se engancha con la señora en una nueva charla, que la lleva hasta las cercanías del zaguán de la parroquia, donde está la venta de dulces.
--- Ya supo de la fulana anda de novia de….
--- Cállese chula así dicen.--- y continúan a  media voz secreteándose los sucesos.
          El chico ya en fase de aburrimiento, enrolla su hilo y junto a su trompo lo mete entre su bolsillo, se da una vueltecitas alrededor de donde recosen los churros, las grandes ollas donde hierve el aceite, donde hábilmente lanzan las tajadas de plátano verde, para tostar la plataninas. Así de lejitos el chico se saborea, pero no se anima a decirle a la madre, por temor a que le digan que no. Pasa cerca de nuevo, con su manita rascando la manta plástica de la dulcería.
--- Mamá….---
--- Y ahora que te pasa…--- dirigiéndose a su interlocutora--- hay perdóneme Doña Pita, es que este patojo tan mal educado.—
--- Mamá, ya tengo hambre, monos a la casa.---
---Ya vamos, tranquilo, solo atiendo un momentito a la señora.---
          Como una manera de insistencia se les acerca y se detiene frente a las dos señoras, levanta la vista y se queda mirando a su madre.
--- Ya voy.--- le dice ella.
          Al fin logra romper la charla, su madre no muy de buena gana se despide, lo toma de uno de sus brazos y casi jalado lo conduce atravesando la calle, en el otro lado de la banqueta el niño se suelta, mete su mano en el bolsillo y empieza a degustar algo.
--- Y vos que estas comiendo?---
--- Un Dulce de Chancaca, no querés un pedacito.---
--- Y de donde lo conseguiste?---
--- Yo te dije que tenía hambre, no me hiciste caso, entonces me lo robé de la venta de dulces…, mientras tu platicabas con las señoras --- con aquella candidez de la inocencia del niño
--- Hay patojo… vámonos, corre, no vaya ser que se den cuenta y me lo cobren, me hacés unas…!



     

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