lunes, 3 de junio de 2013

TAMAL COLORADO



          La anciana esperaba acurrucada en su silla de ruedas, a la orilla de la olvidada mesa de de pino, con olor de ocote, aburrida con su cansado rostro marcado por un sin número de surcos de arrugas que le describían el montón de años que había recorrido en el curso de la vida, azarosa, llena de achaques y cargada de sacrificios que le habían hecho perpetuar sus penas, la salud que en ocasiones le pendía de un hilo, con un sin número de paroxismos de tos, que le hacía encorvarse mas su jorobada espalda.
          Todas las noches permanecía junto al pollo, cocinando con pura leña, los poquitos de café o unas tortillas tiesas. Cuando le agarraba el sueño, cabeceaba, para poder permanecer así hasta la madrugada atisbando los carbones, entreteniendo los alimentos a temperatura para que cuando su nieto regresara del chance, poder ofrecerle algo de alimento, un pequeño bocado, aunque fuera recalentado.
          Al verlo se alegraba y muy oficiosa procedía a servirle, el plato de peltre que apenas se embadurnaba con el más que ralo caldo del frijol, sin pepas, el posillo a medio llenar de agua teñida de polvo de café. El humildemente se sentaba junto a ella, tronchaba el pedazo de tortilla medio tostada, que tronaba entre sus dientes, como quien saborea un trozo de carne asada. Pero que al menos sustentaba, para dormir un rato de la mañana, para ganar fuerza para ir a barranquear,  tapiscar unos chiriviscos y buscar una que otra hierva, fruta o algo para tener que compartir con ella, mientras le caían unos centavos del trabajo de ayudante de chatarrero.
          Abelardo, abandonado hacía 4 años, en manos de la abuela. Su madre un día agarró sus pocas pertenencias, emigró al país del norte en búsqueda de mejor vida., lanzándose a la aventura de cruzar las fronteras, tras el sueño americano. Pasados los dos primeros meses del intento dejaron de saber de su paradero y si había logrado su objetivo. Actualmente a sus 12, se había visto en la necesidad de hacer algún trabajo, para ayudar al sostenimiento de la covacha que les servía de vivienda.
          Sin embargo la vida le había jugado una trastada y le había tratado mal, pues desde que su abuela se había hecho cargo de él, había enfermado, velaba por ambos.   La señora cargada de años y enfermedades, no podía caminar eso le había hecho perder su único sustento que era la elaboración de tamales colorados, de masa blanca y carne de pollo.
          La viejecita se lamentaba constantemente, de su invalidez, a pesar que personas de buen corazón le habían proporcionado la silla de ruedas que le ayudaba a no estar inmóvil, en su único espacio de movimiento por lo que deambulaba de la puerta al cuarto de su vivienda. Las vecinas también procuraban de ayudarle en su aseo personal y cambiarle su ropa, en ocasiones llegaba, una muchacha ha peinarle su cabello largo, tamizado de canas y dejárselo coquetamente con una trenza, culminada con una moña de listón de regalo. Las largas charlas y las innumerables anécdotas que le gustaba transmitir, hacía que a la joven en varias ocasiones le habían llamado la atención por permanecer largos ratos con ella.
--- Algún día mija…, algún día,  Dios te lo pagará lo que haces por mi, yo te prometo que antes de que yo me muera te voy a dejar un secreto…!
          Esa era la cantaleta que siempre le decía a la chica cuando se despedía, después de haber disfrutado una tarde completa de su charla y compañía. Las lágrimas brotaban de sus ojos en señal de agradecimiento. Cuando su nieto volvía de la calle:
---Ve pues abuela, ya está llorando, siempre que vuelvo y la encuentro así, es porque la muchacha esa de la vecindad, ha estado con usted… saber que es lo que le dice que la pone triste… de pronto le voy hablar de que ya no venga ---
--- NO mi muchacho, ella es un ángel, muy cariñosa,  me cuida y me mima. Lloro cuando se va, por la alegría que me brinda, porque me hace sentir bien, en estos momentos de soledad que tengo.---
---Hay abuela, se me pone usted muy sentimental….
--- Contame hijo, como te fue hoy, hiciste tus centavitos.---
--- Hoy si mi viejita, le traje un su atol de Incaparina para que lo prepare y se alimente.--- 
          Así pasaron los meses, la señora cada vez mas testaruda, además de vieja, el muchacho ya de adolescente, pues se la pasaba mas tiempo fuera de la casa y en ocasiones olvidaba a al abuela que pasaba muchas horas si saber de él. La única que siempre llegaba a verla era la joven que le arreglaba el pelo y con quien charlaba alegremente.
---Oiga Abuela --- le decía Rosita la joven.--- Mañana no vengo tengo que ir al instituto y ya debo de regresar tarde, mejor si no se me despeina, porque vengo hasta el día siguiente, ja, ja, ja,---
La chica le hacía en son de broma, luego le besaba en la frente y se despedía siempre con la misma cantaleta.
--- Hay la vengo a ver, pero no se le olvide que me debe algo…..---
---Si ya sé ---le respondía con una sonrisa.--- que te debo y te voy a dejar un secreto, que te vaya bien y que Dios te bendiga.---
          El chico amaneció un día con la gran preocupación, la abuela había pasado despierta toda la noche hirviendo en fiebre y con su acostumbrada tos que no la dejaba en paz, como pudo la arreglo y con la ayuda de los bomberos la llevaron al San Juan de Dios, estaba mal la señora, la tenían en la sala de intensivo donde le había puesto oxigeno y otra serie de medicamentos para mantenerla, días mal y días regular, pero se mantenía prendida su vida de un  hilo. En medio de su gravedad le indicó a su nieto que quería que le buscara entre sus cachivaches, un pequeño cofre de madera, que era todo su tesoro. Que le pidiera a Rosita que llegará a visitarla.
Ya entrada la tarde en el pabellón del santo hospital, se encontraba solitaria la viejita, la jovencita que había logrado entrar ya al final de la visita se acercó hasta su cama. La saludó.
---Espero que hayas traído tu peine para arreglarme el cabello---
--- Claro que si abuela, cuénteme y como se siente….!---
--- Mal, hija por eso te hice llamar, en esa mesa hay un cofre, de madera, con dibujos de típicos. Como te había prometido, que te iba a dejar un secreto, no es gran cosa pero úsalo, eso te dará para vivir y salir adelante.---
          Ella intentó abrirlo, pero no pudo, la señora se arrancó una cadena de fantasía con un dije de San Miguel Arcángel y una pequeña llave, indicándole que cuando ella falleciera abriera la caja.
          La triste noticia no se hizo esperar, la joven en medio de su congoja, se animó a por la curiosidad a aperturar el cofre. Encontró allí un papel de periódico antiguo impreso, lo desdobló, sobre la mesa y el texto indicaba.
“La famosa receta de los Tamales Colorados, de doña Margarita Cifuentes”.
          Con el tiempo Rosita, se unió al muchacho, juntos pusieron una venta de tamales colorados de masa blanca, de carne de pollo envueltos en hoja verde, con el éxito de la receta de la Abuela.  

 

1 comentario:

  1. Los legados familiares deben atesorarse y darles el valor que merecen. Honrar a nuestros viejitos y compartir con ellos en vida lo mejor que se pueda, para que el dia que nos falten, podamos seguir adelante con sus enseñanzas. Me encanta leer sobre el amor incondicional de la abuela para con el nieto, que es su unica familia, y de la correspondencia de este a esa dedicacion de la viejita a pesar de sus dolencias y su avanzada edad.

    ResponderEliminar