Carmelina
se llama, es una linda muñeca de trapo, por supuesto engalanada con un vestido
rojo salpicado de bolitas blancas, de sus hombreras abombadas surgen sus brazos
que en su extremo simulan dedos adornados de pintas de colores. Las trenzas de madeja de algodón dorado,
saliendo de su cabeza, se amarran en las puntas con listones que hacen juego
con su vestido, sus ojos también pintados sobre lo que es la almohadilla de su
cara, con sendas pestañas que resaltan su tamaño, el crayón que dibuja sus
labios, se desplaza desde una mejilla hasta la otra, mostrando una amplia
sonrisa.
Las
piernas de canuto, le cuelgan hasta las zapatitas negras de tela, de simpática coquetería,
que se asoman desde la falda plisada, extendida en paletones como abanico, lleno
de fustanes blancos.
Hoy
amaneció acomodada sobre la almohada de su dueña, una niña muy simpática
llamada Iris, con quien jugar de mama e hija, por largos ratos, la deja
distraída sobre su cama, mientras ella asiste a las clases de su escuela.
Cuando
será el día que ella me lleve donde estudia, me gustaría acompañarla, me
gustaría conocer a todos sus amigos, a lo mejor les gusto y me invitan a jugar
en los recreos, puedo hacer muchas gracias, sonrío a las chicas que me hacen
cariño y me arrullan.
Aquí
donde me dejan no tengo amistades, ni juguetes que me acompañen, pasándome
solita largas horas del día. Ha veces quien se viene a recostarse en la cama es
el señor gato, pero él no me gusta en lugar de caricias, me lastima, me araña y
a veces me saca los hilos de mi vestido. Hay no, hasta pulgas tiene.
Espero
con ansias que Iris venga, ella me saca a pasear, me chinean en sus brazos y me
sienta junto a ella cuando se toma un vaso de leche, yo tengo mi propio pocillo
y cortésmente simula que me da de beber, hasta me mancha mi cara con el liquido
blanco cuando me pone la champurrada sopeada sobre mis pintados labios. Bien
que lo disfruto, toma luego una servilleta y me limpia los bigotes, ja ja, me
hace cosquillas en el botón de mi nariz. Luego me hace acompañarla al baño,
donde me muestra como ella se lava los dientecitos, como yo no tengo ni cepillo
solo la observo.
Muy
alegremente me lleva hasta la banqueta de la casa, donde me acomoda en la
orilla de la puerta, mientras ella con una pelotita juega de Yax con 5
piedrecitas. Me toma de un brazo, sacudiéndome me traslada hasta donde se
encuentran otras niñas, con quienes arman sus juegos de saltar cuerda y avión,
lanzando un tejo. Vaya ya perdí su atención, ahora ella se interesa en sus amigas
y yo que?, me quedo en la puerta o me van a dejar tirada en su cuarto o sobre
la cama.
Después
de sus juegos, se le ocurre que yo estoy sucia, me lleva a la pila y me sumerge
en el agua, con un jabón de bola me restriega de pies a cabeza, con vestido y
todo, un baño donde todo mi cuerpo se llena de líquido, lo que sigue es lo que
no me agrada, la secada donde me retuerce la cabeza y el resto del cuerpo,
luego las trenzas, donde después de eliminarme el listón, me las amarra en el
lazo para que me escurra y me seque. Siento que me voy a pasar buenas horas en
este lugar, sino es que se le olvida y me deja pasar la tarde y la noche aquí
colgada.
Ya
va entrando la noche y continúo guindada de la pita, la madre llegó para
rescatarme, pero después de apretarme por todos lados, decidió dejarme allí
mismo, porque aun estaba húmeda. Ahora ya es de noche, todo el mundo se fue a
descansar, colgada de mis trenzas no me queda otra que aguatar, tengo
oportunidad de observar la belleza de la luna tierna que se asoma por encima
del tejado.
El
sereno a lo mejor me enferma, me arrugará el vestido y a lo mejor me destiñe el
pelo, pero espero que el viento me termine de secar mis ropas. La niña, no me
vino a ver, ni se asomó para santiguarme como hace todas las noches al irse a
dormir.
Buenos
días señor sol, que con sus calientes rayos me sacuden la fría humedad de mi
cuerpo, vaya, se recordó de mi, es Iris, quien con poca delicadeza me desamarra
de las greñas, que desastre me quedaron desordenadas, quizás es tiempo que me
peinen o al menos que me rehagan las trenzas, ya se voy a tener que ir a para
sobre el cajón donde ponen la ropa recién lavada mientras me planchan mis
fustanes y vestido.
Pasé
un par de días olvidada en la caja, la señora me toma de la cabeza y me desabotona
para quitarme el vestido, luego de dejarme embrocada sobre una punta del
planchador, le da unos pasones,
desarrugando mis fustanes y mi lindo vestido de bolitas. Como de moda
pero no de estreno, me veo vestida coquetamente y con algunos arreglos en mi
cabellera soy dejada en mi lugar de siempre, sobre la almohada de la cama,
estoy toda olorosa, fragancia de jabón de tocador, me colocaron los listones en
mi dorada cabellera. Estoy lista para esperar a mi dueña, cuando vuelva de la
escuela, vamos iniciar de nuevo los juegos.
El
tiempo transcurre y ya Iris a crecido, ya no juega conmigo, abandonada me
ignora y no me saca a pasear, no se si es porque se me han reventado algunos
hilos de mi cuerpo y empiezo a mostrar los pedazos de algodón de mi pancita, en
algún lado dejó perdidas las cintas de mis cabellos. Será porque ha dejado de
ser niña, los repasos, la música de moda a través de la radio la vuelven loca,
sus amigos la acaparan, saben es una chica muy linda, con sus grandes ojos
azules, su hermosa cabellera dorada, que pinta ya de señorita. Este será el
final de mi vida en su compañía, no mas salir de paseo, ni compartir muchas
cosas, me tiene exilada sobre el ropero de su cuarto.
Menos
mal que yo no paso de moda, quizás con unos retoques, costura de mis agujeros,
arreglo de las madejas de mis trenzas o lo mejor me pongan otro vestidito,
vuelvo a estar vigente. Efectivamente
Iris es un verdadero amor, a escalado hasta aquí, en el tapanco, me ha dado
unas sopapeadas para limpiarme el polvo que me ennegrece, me acaricia y con
todo cariño me pone en manos de una niña chiquitita, quien será la que me cuide
y acompañe de hoy en delante. Antes de que me lleven ella se despide de mí con
un abrazo y un beso y me dice.
--- Te extrañaré, Carmelina, mi
muñeca de trapo.---
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